Hacía tiempo que teníamos ganas de volver aquí y comer unas cuantas tapas. Anoche, por fin, tuvimos la oportunidad.
Previa reserva, nos sentamos en unos taburetes junto al pasillo, en la zona interior alejada del bullicio de la entrada.
Pedimos:
- Atún marinado a las siete especias (en este caso, demasiado camuflado por las especias pero sigue estando bueno)
- Sardina ahumada (muy buen sabor y muy barata)
- Anchoas del cantábrico enteras (deliciosas... y caras)
- Queso de la Sierra de Espadán (impresionante este queso. Tengo que conseguir que me digan qué queso es para comprarlo y tenerlo en casa)
- Montaditos de morcilla de Burgos (correctos sin más, prescindibles)
De postre:
- Pastel ruso (bueno)
- Pastel Totel (bueno pero demasiado caro).
Para beber pedimos un vino blanco francés que nos llamó la atención por estar elaborado con uva negra gamay y pinot noir. No les quedaba... y nos recomendaron un riesling, Schlossgut Diel, con mucha barrica, interesante. El servicio del vino fue mínimo.
Con los postres pedimos una copa de fondillón, que nunca habíamos probado, pero no acabó de gustarnos. No es nuestro vino.
Nos fuimos con buenas sensaciones. Es ciertamente un lugar caro si se va a cenar sin miramientos, pero en esta ocasión la sensación fue distinta. Imagino que repetiremos dentro de un tiempo.
Bar historico y insolito que merece una visita
comida tradicional buena pero nada mas
carta de vino exceptional
He ido 3/4 veces a este sitio pero ya me resulta un poco aburrida la carta aunque la calidad de producto es muy buena. El local un poco incomodo ya que son mesas altas con taburete así que nada de hacer sobremesa. El servicio se caracteriza por ser poco simpático y un poco lento.
Taberna situada en El Cabañal, a escasos 1000 metros del Hotel Las Arenas, establecimiento donde se celebró el décimo encuentro verema. Según reza a su puerta, fundada en 1836, dispone de dos puertas, a través de la principal se accede a la barra y zona de tapeo con algunas mesas altas y taburetes y a través de la puerta de atrás (aunque también se puede acceder a través de la barra) a los distintos comedores, al de la antigua sala de toneles de los vinos a granel y al zaguán de la escalera, hay que tener en cuenta que estamos en un edificio antigüo en el que se han aprovechado lugares un tanto insólitos dónde colocar mesas y sillas, por lo que en ocasiones el espacio no es el más adecuado y el resultado puede ser algo incomodo. Dispone de sala de catas, apropiada para unas quince personas. Un lugar al que los años, le han otorgado “mucho sabor”, tipismo, autenticidad y un cierto encanto. El servicio es atento, dispuesto, rápido y profesional.
Ofrece comida tradicional basada en la calidad de los productos con los que está elaborada. Disfrutamos del menú especialmente preparado para los inscritos en el encuentro verema, por 25 euros (iva incluido), bebidas aparte. La cantidad algo escasa (tal vez, soy algo tragón) o los precios un tanto elevados para la cantidad servida, a pesar de la buena calidad de los productos.
• Consomé.
• Habas estofadas
• Patatas bravas de secano.
• Sardina Ahumada
• Pimiento de Piquillo Relleno
• Montadito de Brandada de Bacalao
• Solomillo de Buey con Ajos tiernos
• Trufa
• Pan artesano.
La carta de vinos está organizada por tipos y por D.O’s o indicaciones geográficas, con apartado para vinos foráneos. Es amplia, bien seleccionada y con sobrecargos moderados. Ofrece una docena de vinos por copas. Los vinos descansan en un espacio climatizado (que tuvieron a bien enseñarnos al final de la comida). La cristalería es adecuada. El servicio del vino se circunscribe a la prueba, luego funciona en autoservicio.
Al final con un par de cervezas y una botella de Tagonius crianza 2005, la cuenta ascendió a unos 37 euros por persona.
En definitiva, un lugar auténtico, con sabor, con una carta de vinos sorprendentemente buena, (todavía más para el tipo de establecimiento que es) y con una cocina honesta basada en la calidad y buena elaboración de los productos que ofrece, pero para mi gusto, más apto para el tapeo, que para un almuerzo o cena.
Últimamente me apetece las cenas de picoteo y en Valencia una buena opción es Casa Montaña. Tercera visita en los últimos 10 meses. Sábado noche. Menos gente que en otras ocasiones. Será por la situación económica, por jugar el Valencia por televisión o quizás porque la calidad de la oferta en esta casa centenaria y autèntica, según mi opinión, ha descendido y cada vez somos más exigentes.
Optamos por unos boquerones con vinagre (buenos), unas bravas (normales), unas sardinas plancha demasiado pequeñas para mi gusto, una brandada de bacalao excesiva de ajo, y un atún marinado (bueno).
Un pastel ruso correcto para postres y un Dido 2008 excelente en su relación calidad / precio.
Cafés y trufa de chocolate.
Resumiendo, creo que han perdido calidad, completa carta de vinos, servicio adecuado, ... pero me sigue gustando el ambiente de este sitio.
Precio sin vino.
Pues eso, que la han cambiado y, en mi opinión, ha empeorado. Han eliminado muchas referencias de la carta y aún así hay varias que directamente aparecen en la carta como 'Agotado'.
Además, no es de recibo que en un sitio como éste, que siempre ha cuidado sus referencias intentado ofrecer calidad a buen precio, encontremos cosas como los crianzas de CVNE y Marqués de Cáceres, por poner un ejemplo. Es como si vas a un tres estrellas michelín y te sacan papas de Hacendado.
No sé si es cosa mía pero he notado un disminución importante de clientes. Antes, un sábado a mediodía era impensable ir a la zona de restaurante sin reservar. Ahora casi te obligan ellos a entrar porque está vacío. Supongo que la crisis tiene que ver, aunque no creo que sea sólo eso.
Quizás esté un poco desencantado con el local, pero noto que ha perdido parte de la magia de antaño, no sé si por el servicio, si porque se han 'mercantilizado'... ni idea. El caso es que antes iba cuatro veces al mes y ahora voy una vez cada cuatro meses.
A mi lo que mas me sigue impresionando de esta bodega que es todo un clásico en Valencia, es su extensa carta de vinos, ya quisieran muchos restaurantes tener el número de referencias y la calidad de vinos que podemos encontrar allí. Y la comida también está muy bien, si que es cierto que un poquito cara, pero para mi merece la pena pagar un poco mas y tener esa calidad. El solomillo y los calamares voladores estan buenísimos, esta última vez pedimos: solomillo, jamón ibérico, croquetas variadas, queso curado. Y para beber una botellita de Pago de los Capellanes. Un sitio muy acogedor, tanto en el restaurante como en la bodega.
De vacaciones en mi barrio, volví a Casa Montaña, para tomarme un aperitivo de buenas anchoas, ajo arriero, y habas, en el mediodía de la huelga general del 29 S.
Como siempre exquisito.
Por cierto, en el Cabanyal, todo abierto, incluidos los puestos del Mercado.
Los piquetes no tuvieron "güevos" para bocoitear el partido de esa tarde en Mestalla (Valencia CF - Manchester).
En lo referente a los precios quiero decir que teneis razón, no es un lugar lo que se dice barato, y si eres de los que comen (como es mi caso), no bajas de 35€/40€ por cabeza, pero tengo que decir que es un lugar de donde siempre sales satisfecho, y yo prefiero gastarme un poquito mas y disfrutar de un buen vino y una comida relación calidad- precio buenísima.
Soy un cliente habitual de Casa Montaña, para mí es uno de esos sitios talismán donde ir cuando no se te ocurre ninguna opción mejor. Voy más de 20 veces al año. Me encanta todo en ese lugar: el ambiente de bodega antigua, la calidad de las tapas, el servicio y variedad de los vinos... qué os voy a contar que no sepáis...
El caso es que de un tiempo a esta parte he notado que se han liado la manta a la cabeza en lo que respecta a los precios, sobre todo si comes en la parte del restaurante. Se han pasado, y eso empeora drásticamente la RCP del lugar.
Algunos ajemplos:
- Las cañas antes eran más grandes y más baratas. Hoy en día cuesta 1,45€ y es poco mayor que un tubo de ensayo.
- El Pan. Es una de las cosas que me repatean cuando comemos en el restaurante. Si tapeas afuera te sirven un panecillo por persona, pero en el restaurante sacan pan a porrillo. En mi última visita (4 personas) sacaron un cesto enorme de pan, que en la cuenta salió por 4 euros, y lo peor es que se quedó allí la mitad. Deberían cuidar esos detalles y preguntar qué cantidad de pan se desea. O si se desea
- El solomillo con ajos tiernos. Su precio es de 20 euros, algo normal en muchos restaurantes. Pero si tenemos en cuenta que se trata de un minisolomillo troceado (8 pedazos), el precio es disparatado.
Hay otros muchas cosas donde la RCP es muy mala. El famoso canutillo de Idiazábal cuesta más de 4 euros (y la mayoría de los postres más de 5). No es demasiado si lo comparamos con otros postres de 'de restaurante', pero para tratarse de pasteles que no elaboran ellos y sacan directamente de la nevera, podrían contener el precio un pelín más. En muchos sitios hay auténticos súperpostres complejos y hechos al momento que rondan los 6 euros.
No sé. Es un sitio que me encanta, pero al que le falta algo para ser perfecto. Cuando al final tienes la sensación de que intentan clavarte, por muy bueno que esté todo no te sientes cómodo.
Por otra parte, hay que decir que los vinos tienen un precio muy contenido para lo que hay por ahí, si bien es cierto que últimamente faltan muchas referencias.
Así que me gustaría darles un 'toque', porque me parece que se están durmiendo en los laureles, y sería una lástima que Casa Montaña se convirtiera en uno de esos lugares donde lo único que importa es lo que te clavan y no lo bien que te dan de comer o lo a gusto que te hagan sentir. Creo que lo segundo es siempre más rentable a la larga.
De momento, si no mejoran alguno de estos puntos, optaré por seguir tapeando en la parte del bar, pidiendo un par de tapas y una copa de vino, y me mantendré alejado del restaurante. Una pena.
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