Estaba previsto visitar Segovia el Viernes Santo y en esas fechas tan señaladas ya se sabe que corre uno el riesgo de quedarse sin mesa a no ser que se espabile y haga su reserva correspondiente. Más aún tratándose de un grupo de nueve personas y una ciudad plagada de visitantes como la bonita villa de Segovia. Como también apetecía darse un pequeño homenaje y huyendo de cocina moderna y el riesgo de fallar decidimos visitar esta casa atendiendo los buenos comentarios en general del local y, más concretamente, de algunos foreros conocidos que me lo aconsejaron como “apuesta segura”. Reserva realizada unos 20 días antes y nos marcaron ya la hora de llegada: 13.45 h. No sé si pretendían ofrecer un segundo turno de comidas en nuestra mesa pero, una vez allí, nadie nos metió prisas ni atosigues. Permanecimos en el salón hasta pasadas las 17.00. Algunas de las mesas colindantes que acabaron antes sí fueron “dobladas”.
Nos reciben en la entrada y lo primero que llama la atención es la sensación de bullicio en la zona de la barra y el listado de reservas donde buscan nuestra mesa: son folios y folios de nombres lo cual nos da una idea de la capacidad del local y el volumen de trabajo que puede acumularse en un día así. Seguimos al camarero cruzando varios salones, un patio, unas escaleras… un laberinto. Todos y cuantos camareros nos cruzamos en este periplo nos saludan amablemente con una sonrisa en la boca: me gusta. Finalmente llegamos al salón del sótano donde parece ser que alojan las mesas grandes. Una preciosa mesa redonda nos espera. Estamos cómodos, anchos… Rápidamente nos atienden de manera cordial y nos traen unas cañas bien frías (el calor de fuera poco habitual en Segovia nos ha “castigado” con más de 24 grados). Elegimos el menú degustación sin pensarlo:
- Ensalada de tomate, aguacate y queso de cabra: refrescante bocado que agradecemos aunque no falto de potencia que le da la porción generosa de queso. Buen aliño con AOVE.
- Espárragos a la plancha y salmón ahumado: Sin pena ni gloria. Dos buenos productos pero sin demasiada conexión para “maridarlos” en un mismo plato.
- Salteado de setas, mollejas de cordero, riñones y gambas: Empezamos a disfrutar de lo recio de la cocina castellana. Mucho sabor, punto un pelín pasado, pero plato rico que hace el disfrute de la mesa entera.
- Judiones de la Granja: No soy comedor de judías y similares. Mea culpa. Defecto imperdonable, pero una especie de “trauma infantil” en el comedor escolar cuando era niño me impide disfrutar de ellas. Lo siento. Tomé 4 o 5 por probar y me repele su textura. Las puedo tomar con arroz, pero no solas. Sí di buena cuenta del fondo que las acompañaba que estaba muy muy rico: denso, sabroso….
- Cochinillo: Se presenta entero a la mesa y se parte con un plato antes de servirlo. No puedo compararlo con muchos otros pues lo he probado en contadas ocasiones. Estaba rico, especialmente la piel crujiente.
- Ponche segoviano con helado de turrón: Buen bocado dulce para acabar dignamente esta comida copiosa.
Tomamos varias (muchas) botellas de Pago de Carraovejas que se ofrece incluido en el menú, agua abundante, refrescos, cafés, licores finales… Muy grata sorpresa con la cuenta final: 46 €, el precio del menú degustación, ni extras de pan y servicio, ni cervezas y refrescos, ni “cafeses”, ni orujos, ni IVAs ni po… Olé! Honradez.
No puntuaré el servicio del vino porqué ni ojeé la carta ni sé como se lo manejan. Sí que es admirable que se sirva el vino “de la casa” sin limitaciones ni escatimar. Puntuaré el entorno mejor de lo habitual pues aunque el comedor no reúne elementos decorativos destacables ni vistas maravillosas, ni vajillas imposibles, ni copas de calidad… la sola presencia de José Mª saludando a todas y cada una de las mesas, su simpatía y perseverancia (alguien comentó en nuestra mesa: ¿Qué coño hace este señor aquí a su edad y con lo “forrado” que debe estar?), el buen servicio y el ambiente agradable que reinaba en el salón hacen subir nota. Lo aconsejaría sin dudar a quien visite la ciudad.
Te pusieron en el sótano que es el mejor sitio. ¿Vistes las botellas que hay en el hueco de la escalera? ¿Comprastes vino para casa?
Creo que en este momento es la mejor RPC de Segovia (para comer cochinillo) con la inclusión del vino.
Saludos
A mi me impresionó que con esas dimensiones ofrezcan tan buen producto y un servicio profesional y diligente. Además son muy autárquicos: cochinillos de su granja, el vino de su bodega, un hijo trabaja en la bodega, los otros dos en el restaurante y el propio José María me contó que no falla ni un sólo día al restaurante. Emprendedor y trabjador nato...
La carta de vinos es muy completa, especialmente con los de Ribera del Duero y aledaños, pero aquí se viene a beber Pago de Carraovejas.
Yo también lo recomiendo a quien visite la zona.
P.S.: una pena lo tuyo con los judiones. ¡A mi me pierden!
Sí que vi "el relicario" de la escalera. Un minimiseo del vino. Saludos
Es un restaurante que suscita comentarios encontrados pero está claro que bien merece una visita, sabiendo eso sí, lo que te vas a encontrar allí.
Saludos!
Aunque parezca mentira en mi visita de hace unos años no comí cochinillo ni bebí Pago de Carraovejas :-O
Toni, has reflejado todos los detalles que yo percibí en mi última visita, gente a doquier en la zona en la que te reciben y te preguntan sobre tu reserva, salas y más salas y todas llenas, camareros y más camareros con un saludo en cada recodo, José María mesa por mesa saludando, con su edad y la comida sin estar mala ni para lanzar exclamaciones de regocijo. En resumen, si no conoces el local tienes que acudir a él, entre otros motivos por ser un clásico, no dejarte un riñón y poder opinar.
Muy buen comentario, Toni, como siempre.
Un restaurante que no conozco y cuando visite Segovia me gustaría conocer. Dos asignaturas pendientes, jejeje!
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