En Valencia hubo un tiempo en que las marisquerías proliferaban al ritmo de la demanda del cliente que cuando salía a comer de lujo era a por marisco, algo que no comía nunca en casa. La situación actual ha cambiado sobre todo si hacemos una valoración porcentual: proliferan sitios de cocina moderna y aguantan los de tradicional, invaden las brasas y cocinas del mundo y han disminuido los sitios dedicados, casi en exclusiva, al marisco. Por ello si quieres comer marisco fresco a precio razonable, éste es tu sitio.
Nació en 1988, se amplió en 1995 dejando de ser poco más que un bar; se convirtió en un local de buen nivel con la reforma de 2015 y se mejoró en 2018. Ahora dispone de una terraza en zona peatonal ajardinada, un local interior entrando a la derecha con una buena distribución de mesas y sillas cómodas y una cava climatizada de gran tamaño que invita a curiosear; a la izquierda está la barra (Toni se basta solo) con unas cuantas sillas altas para un aperitivo teniendo al fondo la cocina con hasta 6 trabajadores; en el espacio frontal a la puerta se aprietan pequeñas mesas altas y sillas altas donde colocar a as últimas reservas por lo que conviene anticiparse mucho en momentos festivos.
Para el interior hay otros 6 trabajadores (al menos hoy) además de la ayuda de Cristina (sala y caja) y bajo la batuta y corrección de detalles del omnipresente Paco preocupándose de que nada chirrie. Con ellos se consigue que la espera y salida de platos de cocina tenga un ritmo adecuado a pesar de estar doblando mesas. La vitrina al final de la barra es un pozo de tentaciones.
Reserva tardía (casi un mes) y nos avisan que nos toca la última mesita alta, estrecha, mantel tipo correcaminos, con buenas copas, cubiertos y vajilla; sillas altas que resultaron más cómodas de lo que aparentaban. Además en horario tardío (cosas de querer ir a la mascletá) con lo que hay ya algunas faltas en carta porque el día está siendo duro para los trabajadores y la despensa. La carta de vinos es bastante amplia, variada con vinos clásicos (en los tintos) pero también actuales, buen abanico de calidades y con algunos precios muy competitivos como el que tomamos Bermejo malvasía seco 2025 (26€, más caro está en ECI) una malvasía de DO Lanzarote que gustó hasta la botella.
Los astros se alinearon y se estableció una buena relación con Paco y Cristina (hablando de vinos) que empezó por participar en un pequeño rifi-rafe con una posible cliente que amenazaba con poner una mala crítica porque llegó sin reserva pasadas las 15.15h y no le daban mesa; me pareció una amenaza tan intolerable que no pude callarme. El servicio del vino consistió en descorche, cata y primer servicio porque el exceso de trabajo no daba para más. La espera de la comida se aligeró con 4 gambitas que nos trajo a modo de vermut por cortesía de la casa.
Un buen pan y unos colines mejores sobre la mesa daban tentación hasta que llegó la comanda para compartir entre los dos:
. ostra Gillardeau x 2: grandes muy carnosas y salinas. Buen nivel de calidad aunque un afinamiento previo en agua semidulce me hubiera gustado.
. ostra Les Perles x 2: se caracterizan por ser más redondeadas con la parte superior más plana y un nácar muy brillante en el interior; buen tamaño del molusco que cada vez tiene más calidad (llevan ya 15 años de producción), salinidad en buen punto.
. zamburiñas x 2: gran tamaño perfecto punto de fuego y ligera salsita tipo Meri. Muy recomendable.
. pulpo a la gallega: ración correcta, pulpo de tamaño pequeño, perfecto de textura y en la base unas pocas láminas de patata cocida; bien salpimentado. Notable.
. salpicón de bogavante: buena presencia de trozos de bogavante y gamba roja arrocera amén de las verduras y un aliño para los que como yo no quieren que el vinagre se apodere de todo. Sobresaliente.
. pescadito frito: una cumplida bandeja de pescaditos que en este día contenía pescadilla, palaya y otro que no recuerdo. Perfecto rebozado y fritura, alta calidad de producto. Muy bien
. gamba roja a la sal x 6: piezas de tamaño medio de la Lonja de Denia y hechas de forma distinta: se caliente sal en cantidad y en el bloque se introducen las gambas que con el calor residual de la sal, consiguen una leve cocción. Imprescindibles.
Dudamos del postre porque sobre la barra se veían unos hojaldres de crema interesantes pero ... nos pedimos:
. gamba roja a la sal x 6: nueva dosis de lo mejor que habíamos encontrado entre tanto bueno.
Paco atento a todo nos regala unos llamemos petits fours, consistentes en bolitas de chocolate (conguitos para los más mayores), almendra laminada y unos cuadraditos tipo gelatina dura para ese punto dulce final.
Quedó mi interés por los erizos, sepietas a la plancha que no habían; también su premiado alli pebre o sus famosos arroces almejas y pescados quedan para otra ocasión porque hoy ya no cabían.
El restaurante se va vaciando y los trabajadores, bien pagados me consta, se van aliviando del esfuerzo físico y mental a ritmo frenético sin perder buen rollito entre ellos. Un buen cremaet y carajillo de Baileys con otro detalle de la casa: elegir entre chupitos de licor o copas de cava, nos quedamos con chupitos de orujo de café y mistela pues recordaba que era de Enrique Mendoza si no me la han cambiado.
Si un día vas a por marisco (o sus arroces -ver la carta en la web-) no dudes en venir por su relación calidad + cantidad / precio. Eso sí no vengas en coche porque igual te toca andar un buen rato a pesar de estar en las afueras de la ciudad.
gamba roja 1
ostras
zamburiñas
salpicón bogavante
pulpo
pescaditos
Voy regularmente a este restaurante, y siempre he comido muy buenos arroces, de los mejores de Valencia, y también buenas calderetas de langosta. Pero hoy me ha soprendido y no para bien: el arroz caldoso de marisco, para mi gusto de los mejores que hacían, ha resultado bastante decepcionante. El arroz (sin azafrán ni colorante) estaba insípido, y el caldo no tenía esa consistencia que tiene una arroz caldoso en que el almidón que desprende le da una consistencia típica. Aquí el caldo estaba completamente líquido y el arroz insípido, como si hubiera cocido cada uno por su cuenta, y además, el fondo sabía demasiado a pota, sabor que a mí no me convence damasiado en un aroz caldoso. En definitiva, no es lo que era. Por lo demás, unas almejas al pil pil con unas alcachofas en tempura que no sé muy bien que pintan ahí y unas zamburiñas, estas sí, deliciosas, como entrantes, fueron el menú. Tres copas de vino blanco de la casa ( un verdejo correcto) y dos cañas, 80 euros. Para mi gusto, caro, aunque si el arroz hubiera sido el de siempre, los hubiera pagado muy a gusto. Dudo bastante que le de otra oportunidad.
Basta ver las criticas en Verema para ver como la cocina ha ido creciendo en este local que hace años no llegaba a un 7 en valoraciones y que ahora está en niveles más altos. No voy a describir más del local tras el comentaroio de DaniC. de hace dos años, solo añadir que las mesas de la terraza (calle) en una zona peatonal dan un aliciente en la época de buen tiempo (cuando no hace ni frio ni calor) y aunque son mesas, servicio, mantel, etc.. de terraza porque además está llena en dia festivo, pero sigue manteniendo lo bueno: un buen producto en el plato y unos buenos precios y cierta variedad en la carta de vinos, ambas cosas importantes a la hora de elegir local. Al precio ya llegarremos.
Carta de comidas con una página entera para mariscos (entre plancha y hervidos), bastantes opciones de entrantes, 4/5 opciones de arroces (version paella o caldosos) preferible por encargo y eso que presumen de ser arrocería, más 2-3 opciones de pescado y carnes (en diferentes versiones). Carta de vinos mayoritariamente clásica pero con otras opciones más y con precios comedidos son un aliciente más.
Cuatro para comer con encargo de paella de bogavante y decidimos a un picoteo compartido previo:
. pan: bueno más alguna rosquilleta, sin opción de aceite. Aperitivo de la casa: ajo arriero correcto. Curioso que el aperitivo hubiera sido la misma cantidad para 1 ó 2 comensales. ¿?
. pescaditos (boquerones) fritos (12€): bien en la fritura, faltos de un poco de tersura, bien de sabor, sin aceite extra, ración correcta a compartir.
. sepietas (3) plancha (12€) y en su tinta: sabrosas. Nunca entenderé raciones de tres para compartir ¿cuantas mesas tienen 3 comensales? ¿qué hacemos si somos dos, y peor si somos cuatro?.
. txangurro al horno (14€): muy recomendable. Servido en su cáscara, carne de centollo con su tomate, cebollita y verduras cortadas muy muy finas y horneado. Sabroso y hace falta pan.
Principal:
. paella de bogavante (21€ pp): paella de capa fina, muy bien de sabor y punto de cocción del arroz, un poco fría (¿?) al servirla, raciones correctas, suficiente de tropezones. Recomendable por su sabor pero, ojo al precio de la ración de arroz en una mesa en la calle y en un local de barrio de las afueras de la ciudad.
Postre: bastantes opciones pero optamos por una tarta de manzana con helado de vainilla (6€) junto a 4 mini (un bocado) castañas (¡6€ cada una!) caseras pero de fresa en lugar de nata. Ambas merecieron aprobar, pero de nuevo, ojo al precio de la mini castaña..
Para beber, agua sin gas grande aparte, nos fuimos a Dominio de Bibei con un blanco Lapola 2015 (24€) y un tinto Lalama 2012 (25€), ambos recomendables. La valoración se beneficia de buena temperatura, copas correctas y buenos precios, pero se sirvieron sin ofrecer a catar y desde luego ninguna reposición durante la comida.
Unos buenos cafés y, a petición, unos chupitos de orujo de hierbas y moscatel (Enrique Mendoza) más estar un rato sin prisas (lo que es de agardecer) en la terraza con buena conversación.
Barbados es de esos restaurante que siempre tienes en la lista de pendientes al que no acabas yendo. Craso error, porque barbados esconde algo muy especial.
El local es amplio, de decoración más bien clásica aunque bastante remozado y actualizado. La distribución de las mesas es perfecta. Con el local lleno hasta la bandera no tuvimos problemas de intimidad, disfrutamos de una comida tranquila, con buen tempo y con un servicio amable y entregado.
La carta de Barbados no esconde grandes elaboraciones, pero sí un gran producto y buena mano en la cocina. Habíamos reservado un arròs del senyoret, así que simplemente pedimos los entrantes.
Una ensalada de tomate con ventresca de atún, nada más sencillo pero a veces tan difícil de encontrar. Un buen tomate y un atún a la altura y un pan excelente para el moji moji.
Ostras y almejas de carril para romper el hielo. Atención a esas almejas de carril que, cuando son buenas, son del marisco más rico que puedes encontrar.
Tartar de atún, con un punto de wasabi que lo refresca y un sabor del atún muy bueno. Puro producto, que es lo que se busca en este restaurante.
Croquetas de jamón ibérico, unas pequeñas croquetas que esconden una bechamel casera y una buena proporción de jamón.
Calamares a la romana, con rebozado no industrial y buen calamar. ¡Qué pedazo de plato son los calamares a la romana cuando se hacen bien!
Y llegó el arroz del senyoret que, aunque un poco frío, aquí sí se notó el llenazo del local, estaba perfecto de sabor y de textura. Y eso que yo tenía ganas de probar su famoso allipebre y no me hacía demasiada gracia el arroz. Me quito el sombrero.
El postre es lo que menos me gustó. Dejamos hacer a cocina con una selección de dulces y acabó saliendo un plato con fruta, un poco de helado y una tarta de yema. Como no soy muy de dulces, con el poco de fruta me bastó.
Carta de vinos interesante, tanto en selección de botellas como en precios. Bebimos Lapola a 22€, lo que me parece un precio más que razonable en restauración. Copas adecuadas y servicio atento, no específico de vinos, pero muy amable, dando a probar y sirviendo la primera copa a toda la mesa.
Sin duda un restaurante de los de repetir y repetir y disfrutar de su producto.
Llevamos tiempo buscando un sitio para comer un buen arroz sin tener que desplazarnos a la zona del Palmar donde solemos ir, así que fuimos por primera vez a este restaurante este domingo no sin antes reservar.
Desde fuera no te imaginas lo que hay dentro, ya que la zona es poco turística y un poco alejada del centro, pero compensa: el restaurante está en una calle peatonal y tienen una enorme pecera con el marisco vivo, todo un espectáculo para los niños (y no tan niños) y al entrar tienes una gran cámara con el género fresco.
El local se encuentra decorado estilo marinero/valenciano, pero lo bueno es que desde el minuto 1 te sientes como en casa. Tanto Maite (la dueña), como los camareros te atienden estupendamente y eso a la hora de comer o cenar hace que te sientas más cómodo si cabe.
Pedimos paella de langosta pelada, y mientras la preparaban disfrutamos de unas angulas y una ensalada de tomate raff. Las angulas simplemente deliciosas y preparadas como toca. Este es un plato que no necesita nada más que un tenedor y un trozo de pan para disfrutar de ellas. Y la ensalada, aunque sencilla en cuanto a ingredientes es ideal para compartir, ya que estaba tanto el tomate como la cebolleta en su madurez ideal, nada de verduras de cámara, simple y llanamente producto de temporada.
Por fin llegó la paella de langosta (ver foto) con mucho sabor y trozos abundantes repartidos por toda la paella preparada en su punto justo de cocción, vale la pena esperar. Habíamos visto que este local destacaba por los arroces, y nos quedó confirmado nada más probarla, muy buena.
Para acompañar todo pedimos una botella de Altos del Terral. No existe un servicio de vino al uso como en otros restaurantes, pero te saben aconsejar si tienes dudas: aquí lo que tiene verdadero peso es la comida. El vino muy equilibrado y agradable: color y sensaciones de moras y frutos maduros.
De postre café, ya que acabamos hasta arriba. Aún así todo un detalle que nos sirvieran un par de buñuelos de viento. Volveremos. Sin duda ha sido un descubrimiento.
¿La nota negativa? Aparcar. La zona es la del hospital Peset y está hasta arriba de coches, y como no cojas a alguien que sale, difícil lo tienes. Si sois de Valencia capital, mejor en autobús o metro aunque este último te deje un poco lejos. Ah, junto al hospital existe un parking.
Tercera visita a este local. Mesa para dos en Barbados, local con solera y comentado suficientemente por los foreros.
Comida de martes, a las 15 horas con mucho calor. Doble de Heineken en la barra con unas almendras mientras espero a Pepe.
Nos colocan en un mesa correctamente vestida, mantelería, coperío y cubiertos por encima de la media. Trato muy amable por parte de todo el personal del restaurante.
Cerveza sin alcohol y unas olivas.
Como entrantes escogimos...
- Clótxina valenciana, muy rica y estupendo caldo.
- Ensaladila rusa, casera, ración generosa y muy buena.
Acompañan con un buen pan tostado y tomate.
Servilleta de esas que se 'hinchan' cuando le añaden el agua... soy muy de pueblo.
Como principal un estupendo arroz a banda, emplatado en unas raciones más que generosas.
Para beber, tienen varias opciones de vino por copas... albariño, ribeiro, etc. me apetecía Ribeiro y me lo sirven en una bonita copa, no pude ver etiqueta, estaba correcto de temperatura y fácil para beber. Dos copas.
Imposible el postre.
Cafés y unas tejas con almendras cortesía de la casa.
Comida muy agradable, en buena compañía, aunque por culpa de la situación que estamos viviendo, parece que las conversaciones van casi siempre hacia los mismos derroteros.
Muy recomendable.
Ayer estuve comiendo en el restaurante Barbados, a pesar de los comentarios que había leído, decidí ir a comer, pues me lo habían recomendado. Me sorprendió muy gratamente.
Local agradable y correcto. Sabiendo el problema de aparcamiento en la zona, llamamos al restaurante y nos ofrecieron la opción de 2 horas gratuitas en el parking del Peset.
4 comensales.
Entrantes: Tartar de atún (14€) muy bueno, buñuelos de bacalao (3 und. por persona 12€) espectaculares, jamón 5 jotas cortado a cuchillo . Tres de nosotros tomamos una fideuá de bogavante pelado (fideo fino), un fondo con fundamento y el cuarto un Remol al horno, increíble.
Terminamos con 2 postres compartidos, un hojaldre de manzana templado con helado de vainilla y canela, y buñuelos de calabaza con chocolate caliente y nata, ambos caseros, sorprendentes.
Un verdejo (11€)
Cafes.
Cubrieron todas nuestras expectativas, servicio muy agradable y cercano, repetiremos.
Cena para dos.
Locla decorado, sin excesos. Mesas demasiado juntas. Mantelería, copaje y cubertería normalitos. Primer detalle poco elegante, sirven con la cerveza, dos guindillas con un platito de papas onduladas, de bolsa. Nada elaborado.
De entrantes croquetas caseras (minis), muy buenas,
Ensalada de la casa, buena elaboración, la sirven ya aliñada. Buen material y presentación correcta.
De platos principales, dos solimillos de ternera, uno con salsa de champiñones y parmesano, y otro al foie fresco, ambos con patatas a lo pobre de guarnición. Raciones correctas. Muy buenos los dos, pero con guarnición demasiado habitual, y poco elaborada. (No les quedaba salsa a la pimienta)
Trata tres chocolates (industrial). La carta de postres, sin excesos, la mitad, eran postres industriales. Se echa de menos postres caseros elaborados.
Dos cafés.
Para beber, Las Ocho (Chozas Carrascal) (19 €). Carta de vinos corta y poco elaborada, tres o cuatro referencias, de Valencia, Utiel Requena, Rioja y Riberas. Más blancos y rosados que tintos, a precios un poco elevados. Poco más. Servicio de vino cosistente en descorche, y primer servicio para cata. Resto en cubitera y tú mismo.
Carta de carnes, pescados y arroces, normalitas, a excesivo precio para la elaboración. Cenamos bien, con cantidades adecuadas, pero por ese precio, no comes nada, que a siendo un poco cocinillas, no mucho, no te puedas hacer en casa. Servicio correcto, pero un poco frío.
RCP no muy buena.
Ayer comí con una amigo en este restaurante que conozco hace tiempo.
Pedimos unas cervezas un calamar a la romana (13€), muy bueno con una salsa estupenda.
Para comer nos trajeros una paella de marisco al centro (16€/ración). Como siempre, el arroz en este local lo hacen bastante bien. Acompañamos el arroz con un Conde de Valdemar(15€).
Finalmente compartimos un hojaldre de manzana con helado de vailla, unos cafes un 2 gin tonics de Hendricks (10€/unid), bien preparado.
Siempre que voy salgo satisfecho, lo único que no me gusta es lo pegadas que están las mesas, y lo complicado que está para aparcar por la zona.
Es un restaurante ubicado en una zona alejada de los circuitos gastronómicos valencianos, pero frecuentada por la población de la zona.
Buen nivel en materia prima de pescados y mariscos.
Carta de vinos reducida pero con predominio de blancos, que es lo que más encaja con la carta de platos.
Buena barra y vitrinas con el producto a la vista.
Tomamos ensalada de la casa, magnífica, revuelto de boletus con foie, el foie auténtico.
De segundos lubina salvaje a la espalda, fantástica y lo mejor una merluza rellena de centollo. Magistral.
Los postres navegando entre indrustriales y caseros, aunque los caseros a veces fallan,no hay.
De beber Terras Gauda, 22 euros, sin servicio de vino, solo cubitera y sírvete tú. Las copas muy mejorables.
El servicio deficiente, te devuelven el tenedor del plato cuando quieres que se lo lleven (sin pedirlo, solo dejándolo en el plato sucio y te lo vuelven a poner en el mantel)
Sería estupendo si cuidasen los detalles del servicio en la sala.
tarta tres chocolates
merluza rellena de centollo
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