Es inútil hablar de tonos cobrizos o rojizos, en suma de este sempiterno color de teja vieja o de ladrillo barnizado - más o menos acusado - tan característico de los riojas de antaño que se van añejando. Tampoco sirve para nada enumerar hasta el infinito los secretos olfativos que se esconden en lo más profundo de nuestra imaginación sobrecalentada - basta de guindas al marrasquino, de cuero curtido, de cenizas tibias, etc. - digamos más bien, con aire misterioso : - Hay muchas cosas extrañas en este Berberana y mucho más de lo que podais pensar, pichoncitos míos. ¿ En lo que concierne al resto ? Bueno, ciñámonos a lo esencial y, ya que estamos, adoptamos un antipático estilo telegráfico : boca elegante con textura firme, acidez en su justo punto, fruta roja muy evolucionada con un fondo de madera discreta. De todas formas, no interesamos a nadie, sólo a nosostros mismos.