Hace unos años era muy raro que no tuviera en casa una botella de Emilín; por el motivo que sea hacía mucho tiempo que no tenía 1, y el viernes lo compré. Ha sido como charlar de nuevo con un viejo amigo, degustar un sabor muchas veces catado y lamentar su larga ausencia de mi bodega. Botella clásica de la casa, lo mismo respecto de la etiqueta y contraetiqueta con nota de cata y recomendación de maridaje. Color caoba, menisco teja con brillos metálicos, lágrima interminable. Nariz intensa y confortable, pasas, perfume, higos... En boca pleno, sabroso y punzante, de muy largo posgusto. Un vino magnífico para acabar una buena comida. He hecho mal teniéndolo olvidado tanto tiempo...
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