Vamos a degustar este vino tinto chileno elaborado por las bodegas Concha y Toro, un monovarietal de uva merlot con una crianza de 6 meses en barrica. Lo tomamos en un restaurante chileno frente al aeropuerto de Cuenca (Ecuador). Nos abrieron la botella 20 minutos antes de servirlo a unos 17°C.
VISUAL: Color rojo rubí de capa media-alta con el ribete violáceo, de lágrima gruesa, densa, lenta y transparente (90).
OLFATIVA: A copa parada muestra notas de frambuesas y moras. Si agitamos se intuyen aromas a pimiento rojo, chuches de fresa, herbáceos de romero y unos agradables terciarios de cuero y tabaco de pipa. Anda un tanto escaso de potencia, de intensidad baja (82).
GUSTATIVA: En boca presenta un ataque suave con un paso por boca mullido, sedoso y un tanto dulzón. De acidez media y taninos muy suaves. En retronasal asoman aromas de fruta roja, a higos negros en concreto. Su persistencia es media, de unos dos minutos. Un vino agradable, sin muchas pretensiones, fácil de beber, el cual no debería guardarse por mucho tiempo (86).
La RCP es buena, cuesta sobre los 8 euros, no está mal.
Lo maridamos con un solomillo en salsa de champiñones y se entendieron a las mil maravillas. Todo muy cremoso, muy suave, sin estridencias, tanto el vino como la carne, deliciosa armonía.
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