Vino encerrado en una botella borgoñona y vestido con una elegante y sencilla etiqueta en su diseño. Corcho que la cierra correcto en calidad.
A la vista un color rojo picota de capa media alta, limpio y brillante. Menisco granatoso y sin atisbos de notas teja. Buena, densa y lenta lágrima en su deslizamiento por el caliz de la copa a la que tinta.
En nariz frescas frutas rojas y negras del bosque con buena intensidad, notas balsámicas, madera de su crianza en muy segundo término.
En boca le encuentro muy elegante, sedoso, aterciopelado, un vino de monastrell diferente a los que conozco. ¿La mano de Raul Pérez?. Madera de su crianza muy bien integrada. Elegantes y domados taninos. Mantiene una sedosa acidez que te invita a beber y que le mantendrá en forma 2 o 3 años más. Gratísimo y elegantísimo paso de boca. Es un vino muy largo. Me da una permanencia de 3,15 minutos.
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