Amarillo verdoso de escasa intensidad. Limpio y brillante.
Lo abrimos el sábado por la noche y lo notamos algo más opulento de como lo recordábamos. En aquel momento, la fruta parecía algo más madura de lo habitual y quizá la madera estuviera también más presente. Hoy todo ha mejorado, se ha suavizado y asentado. Hay flor blanca, cítricos, anisados, algún punzante, mentolados y una mineralidad que deja un rastro en el paladar.
Boca estructurada, con una grasa palpable y una notable acidez. Anchura, aunque también verticalidad. Pese a que la etiqueta indica 12.5º, medio grado menos de lo que es usual en el básico de esta bodega, notamos el alcohol algo más marcado.
Final largo y expresivo que deja recuerdos primarios y pedregosos.
Un genérico, para mí de referencia, que hacía tiempo que no probaba. Quizá no sea la mejor añada, pero continúa mostrando clase, materia prima de calidad y tipicidad. Me recomendaron que lo decantara, y aunque no lo hice, tres días de oxigenación han obrado maravillas. Seguiremos su evolución.
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