Conseguimos esta botella el pasado mes de Febrero en subasta. Se trata de un vino de la "Appelation Lussac-Saint-Émilion Controlée" y de la mítica añada de 1.982 en Burdeos. Abrimos la botella con el abridor de tijeras estándar y con mucho cuidado lo conseguimos. Se nos rompió un trocito de la parte inferior del corcho pero cayó fuera. Presentaba un nivel de líquido aceptable, unos 5 mm por encima del los hombros. La dejamos respirar por espacio de dos horas y procedemos a su cata a 18°C:
VISUAL: Bonito color rojo picota de capa alta con el ribete ya un tanto atejado en tonos rubí. Aún con lágrimas densas, gruesas, lentas y transparentes (94).
OLFATIVA: A copa parada encontramos aromas a desván, a armario cerrado y naftalina. Al agitar se abre espectacularmente y desprende notas a mermelada de higos, especiados de pimienta, fúngicos de trufa negra y notas de polvorilla. Es un no parar y a cada sorbo va dando pinceladas de nuevos matices, bosque umbrío, flor marchita, regaliz, cuero curtido y finas maderas, cedro y roble así como apuntes a tabaco inglés y cacao ecuatoriano. Excepcional bouquet de alta intensidad, qué maravilla!! (97).
GUSTATIVA: En boca tiene un gran punch, alta acidez pero taninos nobles y dulces mostrando un paso por boca aterciopelado, lácteo y sedoso. De gran cuerpo y recia estructura con mucha presencia de la madera, en perfecta armonía con un fondo mineral arcilloso muy elegante. Retronasal con recuerdos a guindas en licor, un toque especiado de pimienta y fenogreco y un puntito de café en grano. Persistencia de algo más de tres minutos, minutos de puro goce en donde la bestia se muestra en todo su esplendor. Qué vinazo nos hemos encontrado compañeros, estructurado, potente, sin arista alguna, con un bouquet excepcional y redondeado de manera sublime. Obra de arte para el recuerdo que vuelve a demostrarnos la brutal añada que fue 1982 en Burdeos (96).
La RCP la considero excelente. Pese a pagar 35 euros por este vino considero que los vale con creces... y mucho más!
Nos tomamos esta botella en tres ágapes diferentes. En el primero acompañó unos suculentos bistecs de ternera con verduras a la plancha, arroz con tomillo y ajitos. Una maravilla la experiencia pues los matices especiados, amaderados y su toque arcilloso armonizaron maravillosamente con las notas cárnicas y herbáceas de nuestro plato. La segunda vez acompañó una paella dominguera de costilla y pollo. Otro acertado maridaje el de nuestro merlot con los sabores de la paella, especialmente rico con las costillas y las alcachofitas. Y para terminar lo rematamos con un surtido de jamón, embutidos ibéricos y queso curado de oveja. Remate final apoteósico, con el jamón grasosito fue el socio perfecto, desgrasante con su acidez y equilibrador con su sedosidad, una gozada!
De nuevo nos quitamos el sombrero ante un excepcional vino de Burdeos y de una zona desconocida para mi hasta la fecha (Lussac-Saint-Émilion). Qué vino más bien hecho, sí señor. Chapeau!!
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