Convertir 81 hectares de vignobles a la viticulture biodynamique dans l'AOC. Pauillac est un véritable exploit : d'abord parce qu'il s'agit ici d'un climat océanique, propice aux maladies de la vigne, & ensuite parce que la propriété voisine - Château Mouton Rothschild - emploie des herbicides systématiquement : Château Clerc-Milon & Château Mouton Baronne Philippe qui appartiennent à la famille Rothschild jouxtent ces vignes en biodynamie & nous supposons que leurs méthodes chimiques sont les mêmes. Ceci dit, la dégustation de ce millésime de Pontet-Canet fut un moment émouvant & inoubliable.
A voir sa robe rubis très foncée & opaque avec un liseré à peine tuilé, nous oublions qu'il a dix-huit ans sur les épaules. Il semble aussi robuste qu'un poids lourd mais les apparences sont trompeuses : les fragrances subtiles de violettes, de mûres de ronces, de bois de cèdre & de feuilles de tabac nous persuadent que la bouche ne nous décevra pas. En effet, c'est une fête pour le palais : il y a surtout des notes de cassis & de coulis de framboises, un peu de café turc, une touche de fève de cacao, une pointe de réglisse & un je ne sais quoi de mine de crayon. Ce rouge, légèrement glycérique, satiné, faussement léger mais concentré, doté d'une armature délicate, regorge d'élégance & de pureté.
Graces & louanges soient rendues à Alfred Tesseron, véritable maître d'oeuvre, qui a élevé le niveau de ce Cinquième Grand Cru Classé en 1855 & qui figure aujourd'hui parmi les meilleurs : trois étoiles dans la Revue du Vin de France. ( PVP : 26,40 € à l'époque.)
Convertir 81 hectáreas de viñedos a la viticultura biodinámica en la AOC. Pauillac es una auténtica proeza : primero porque, aquí, se trata de un clima atlántico, propicio para las enfermedades de la vid y luego porque la propiedad vecina - Château Mouton-Rothschild - utiliza herbicidas sistemáticamente. Château Clerc-Milon y Château Mouton Baronne Philippe - que pertenecen a la familia Rothschild - lindan sus viñas biodinámicas y suponemos que sus métodos químicos son los mismos. Dicho esto, la cata de esta cosecha 2002 de Château Pontet-Canet fue un momento conmovedor e inolvidable.
Al ver su color rubí muy oscuro y opaco con ribete apenas atejado, olvidamos que tiene dieciocho años a hombros. Parece tan robusto como un peso pesado pero las apariencias engañan : las sutiles fragancias de violetas, de zarzamoras, de madera de cedro y de hojas de tabaco nos convincen de que la boca no nos decepcionará. En efecto, es una fiesta para el paladar : hay sobre todo notas de grosella negra y de coulis de frambuesas, un poco de café turco, un toque de habas de cacao, una pizca de regaliz y un noséqué de mina de lápiz. Este tinto, levemente aceitoso, satinado, falsamente liviano pero concentrado, dotado de un armazón delicado, rebosa distinción y pureza.
Gracias y alabazas sean dadas a Alfred Tesseron, verdadero maestro de obra, que ha levantado el nivel de este Quinto Gran Caldo Clasificado en 1855 y que figura hoy en día entre los mejores : tres estrellas en la Revista de los Vinos de Francia. ( PVP : 26,40 € en la época.)
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