Llevo ya algo de tiempo esperando al Artadi San Lázaro 2018 y siguientes, así que cuando vi este 2016 el pasado verano no me pude resistir y lo adquirí para comprobar si estaba "invirtiendo" bien. Y hoy cayó. Pese a saber que probablemente todavía estaba demasiado joven.
Recién abierto, en nariz de intensidad media destacaba tanto la fruta negra madura como los tonos de madera. Y la boca, untuosa, de potencia media y buena persistencia, revelando una vez más la fruta madura. Y cierta astringencia pero moderada, y con el tanino muy fino, sedoso. Pero en ambos casos (nariz y boca) dando la sensación de estar algo cerrado. Falta de complejidad. Rico, muy rico, pero algo plano.
Y entonces me quedé dormido en el sofá. La siesta dominguera de después del telediario. Con la copa a medias.
Y al despertar... En lugar de un café me dediqué a terminar la copa. Era otro vino. Se había abierto completamente y ahora era todo complejidad: la nariz (media, nada exagerado) tenía ahora muchos más matices, tierra mojada, especias, incluso chocolate negro. Y la textura en boca todavía más sedosa e igualmente persistente. Pero desde la elegancia, no desde la potencia.
Mis conclusiones: al 2018 va a haber que esperarlo al menos un par de años. Y desde luego con un jarreo previo de una hora.
Viñedo de 1966 que en su día parece que formaba parte del mítico Pagos viejos. Fruta negra en nariz, balsámico y envolvente en nariz, cierta mineralidad, brea...En boca está todavía algo secante y astringente, musculado , estructurado , paso potente y firme , pendiente de afinamiento , pero con grandes y buena sexpectativas
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