Nariz potente con aromas cítricos (limón) y muy minerales. También fruta de hueso (melocotón), lácticos y mucho fruto seco (nueces, piel de almendra tostada).
En boca la burbuja, abundante, cosquillea sin molestar. Entra vinoso, amplico y con buen cuerpo, estupenda acidez y persistencia larga.
De los buenos!
Por cierto, que este nombre tan curioso viene de la unión de dos palabras griegas "mykos" (hongo) y "rhiza" (raíz) y hace alusión a la simbiosis que en ocasiones se da entre hongos y raíces de plantas; alude a la agricultura biodinámica que realiza la bodega.
Este vino se trata sin duda de una de las mejores cuvées de la Casa. Lo probé por primera vez hace un par de meses y siendo la de hoy la segunda, las percepciones siguen siendo las mismas: un champagne finísimo, delicado, con textura aterciopelada, pero al mismo tiempo amplio y fragante. Las notas cítricas, las flores y el anís, se van sucediendo armoniosamente para dar paso a una mineralidad abrumadora; una mineralidad en forma de arrecife y polvos de talco que deja la boca inundada de esas sensaciones. Lo demás, acompaña al mismo nivel: la burbuja es minúscula, cremosa, nerviosa y delgada, la acidez es arrolladora pero su gran materia prima no le deja que robe todo el protagonismo y no percibimos madera. El final es largo, largo de verdad.
Excelente.
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