Amarillo pajizo con tonos dorados.
En nariz, de intensidad media, no noto la manzana verde que habitualmente me da la Chardonnay sino pera, piña, recuerdos tropicales, cítricos y aromas de tostados apreciables aunque no demasiado marcados. Quizá lo que más destaque en nariz sea lo típico de la Sauvignon Blanc.
Es en boca donde sorprende este vino. Muy untuoso y glicérido, contundente, con acidez media. Retrogusto impresionante y muy, muy persistente donde, ahora sí, llegan las notas de manzana y también las de fruta blanca ya anunciada por la nariz. Los tostados son perceptibles (no puede extrañar con tanta crianza) pero no molestan. Y sorprende que el alcohol, que no es bajo con esos 13.5 grados, no se nota absolutamente nada.
Pero insisto: sigo escribiendo y todavía lo tengo en boca. Vaya persistencia!
Respecto de la RCP en concreto la de esta botella ha sido infinitamente buena porque me la regaló hace un tiempo el propio Óscar. Pero a los 33 euros que lo encuentro en internet no es un blanco barato. Y quizá no deba serlo.
Sólo se hicieron quince barricas de este 2019.
Un gran blanco que quizá choque en esta época en que la crianza está bastante denostada (tanto en tintos como en blancos). Pero que parece fiel a la filosofía que se le ha querido dar.
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