Imaginario de imágenes mentales, bocanadas vinosas que embaucan el espíritu; vinoso, Lo Zingarelli, dicho de vino sano y genuino, en el que se nota el olor del mosto. El hombre que interpreta la voluntad del terruño, que lame las piedras que se tornan vino, purgatorio de maquilladores, barro polvoriento, desmenuzador de botijos rellenos de divinas bayas, esferas celestes, sarmientos ahumados, historias de personas naturalizadas, grietas y raíces encadenadas a cielos terráqueos; "¿Está realmente seguro de que una tierra no puede ser también un techo?" M.C. Escher.
Pedro Parra y familia, buscando tensión, complejidad, finura y austeridad en el trasfondo granítico de Itata, potencia, fuerza, estructura y exuberancia, la seducción de las carnes; compendio de la elegancia de quien pone el intermitente dentro de una rotonda y la energía de un encuentro carnal sobre una mesa de taberna. El compendio de la finura de un corazón helado con la vitalidad calórica del deseo erótico de los dos luchadores, la fusión de propiedades opuestas que estallan y chorrean placer, el deleite de las flores más bellas y de las frutas más sabrosas, luminosidad primigenia, cámaras oscuras, excesos que permanecen impunes, los sonidos del placer, ruidos erráticos de excitación, el murmullo de eros.
La constelación del vino sigue haciendo brillar estrellas, hoy más visibles las reflexivas que las normativas, cuerpos que beben vino en pleno efluvio bajo su visión de baja intervención. Mediación que se puede interpretar en clave insectívora, preciosas tijeretillas (Forficula auricularia), tenaz cola, mordazas censuradas, peligros que renacen; imprevisibles langostas (Anacridium aegyptium), piernas dentadas, sedientes bestias que nunca reposan, huéspedes de vid, cinsault, hermosas guindillas cautivas. Astronomía insectívora, danzas armoniosas y misteriosas.
Color rojo cereza con el ribete púrpura, de capa media-baja, limpio y muy brillante.
En nariz encontramos frutillas rojas crujientes, frambuesas y cerezas, con un trasfondo floral de violetas, un toque ahumado y terroso, aromas de piedra de río, tímidas notas especiadas de pimienta blanca y final ligeramente balsámico de eucalipto.
En boca es enérgico, tiene una entrada muy fresca y equilibrada, sedosa y elegante pero con el tiempo su paso gana en intensidad, siempre dentro de una línea de finura y de corte amargo, buena acidez, la mineralidad la encontramos en la punta de la lengua en la que podemos disfrutar de unas cosquillas interminables.
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