Creo que es la primera vez que encuentro este tipo de aromas reductivos (pedernal, fósforo) en un Rioja blanco. Envuelven recuerdos de fruta blanca muy madura y notas minerales. Hay también amielados y tostados de la crianza. Nariz potente y con mucha personalidad.
En boca entra muy untuoso y goloso, muy amplio, y con una acidez bien marcada que compensa la golosura. Incluso un cierto tanino sabroso que se agarra a lengua, encías y paladar. Ligera punta de calidez que no llega a molestar. Persistencia larga y con un marcado carácter mineral y salino, donde vuelven el pedernal y la fruta en el retrogusto.
No conocía este vino de Benjamín Romeo. Me ha parecido excelente aunque me da pena no haberle dado al menos tres años más en botella. Era mi única botella: me parece que tengo que buscar más!
Creo que gustará mucho a aquellos (entre los que me cuento) que disfrutan de esos Albillos reductivos de Ribera de Duero que están tan de moda pero a un precio bastante más competitivo. La diferencia es ese punto de golosura que le da la malvasía, pero no es exagerado. Es un vinazo, pero sería bastante difícil identificarlo como Rioja.