Un extraño vino. Color dorado oscuro, ambar, con reflejos cebolla, brillo matado, opalescente (¿se habra estropeado?). Va ganando brillo y transparencia al permanecer en la copa. En nariz, entre tofes y tostados aparecen notas frutales super-sofisticadas: Caramelo de lima, mango, piña, inseparables de lo lácteo y tostado. Boca intrigante con ese mixto de la ineludible presencia de la madera, unos dulzores asociados a fruta tropical y ¡fresa supermadura!, con una destacadísima acidez. Medio cuerpo, complejo. Final sorprendentemente especiado que deja una sensacion de extrañeza. Interesante pero que no termina de satisfacer en plenitud. Sigo sin entender el chenin blanc, no puedo puntuar. 35 € son muchos euros.
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