Un buen barbaresco de la cooperativa del pueblo, o “cantina sociale”. Empieza muy rústico y luego se abre para ofrecer frambuesas, ciruelas y ese fantástico recuerdo a humo otoñal del nebbiolo. La fruta en boca poco a poco se va tostando (¡cómo me encanta eso!), y el tanino, aunque secante, está bien puesto en su lugar con la acidez acerba de esta variedad. Discurre con interés y se despide más que bien.
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