Botella bebida casi tres años después, diferente de la anterior, pero también mágica. Esta vez por cortesía de mi amigo Indiana Jones.
Picota cubierto con un sorprendente ribete que no delata sus cincuenta y dos años de vida. Ni excesivamente limpio, ni tampoco muy brillante.
Lo ha sacado a ciegas, y doy mi palabra de honor de que lo primero que he dicho era que se trataba de un Vega Sicilia viejo. Esa persistente acidez volátil con puntas a vinagre bálsámico, la vainilla, los apuntes yodados y la sangre estaban ahí para quien quisiera verlos. Además, fruta negra madura, canela, mina de lapicero, chocolate amargo, mercado de especias, mentolados y unos incipientes terciarios.
Boca titánica. Músculo, poderío y derroche de todo. El tanino aún vivo, el alcohol presente y la barrica en un lugar prominente. Notable acidez. Paso envolvente.
Final muy largo y complejo.
Uno de los mejores Vega Sicilia de la historia. No se parece a nada más, se parece a sí mismo.