Bebido en un mano a mano con un Amadís 2001. Descorchado con 5 horas de antelación. Color cereza oscuro, de gran intensidad. La nariz un tanto cerrada, le cuesta abrirse y cuando lo hace deja atrás unas primeras sensaciones de maltas de Jim Beam, para internarse en un campo de césped y fábricas de mermelada de zarazamoras y arándanos. Hay notas sutiles de vainilla y tostados. En boca inunda con una fruta magnífica, aterciopelada y de gran mineralidad a la vez. Darle el trago es casi una comunión con el grial o, mejor dicho, con los cielos del Priorat. Muy largo. Simplemente delicioso. Estremece el pensar que aún le quedaba mucha vida por delante, a pesar de estar pasando ya por un gran momento.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.