Ya sé que el 2000 no fue un año memorable en Borgoña, y que un vino de tal calibre no merece ser bebido con tan sólo cinco años de edad. Pero, a pesar de todo, ¡qué vino! A medio camino entre la pura expresión varietal y la de su terroir, es un vino oscuro para tratarse de una pinot donde las cerezas y las fresas se confunden con la trufa, el bosque, la caza noble. Va y viene y viene y va, cambia, regesa. Deliciosamente complejo. En boca otra vez la variedad y el terruño se mastican arropadas por una acided reconfortante. Tan sensual, delicado, poderoso y profundo como un Gran Cru de Borgoña digno de tal origen.
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