Tiene, como tantos blancos austriacos, tapón de rosca (muy fácil de abrir :-). Nariz sutil, con toques minerales, elegante. En boca tiene nervio, muy refrescante, deja un postgusto amable que invita a beber de nuevo, agradeciendose sus 12% de vol. Muy equilibrado, con suficiente complejidad, puntito de mineralidad y puntito para abandonarse. Es un vino sencillo pero muy bien elaborado para beberse de una sentada en una terraza de verano. Una pequeña delicia para celebrar la cata de sobaquillo en el foro por la nueva web de Verema.
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