Amarillo dorado limpio y brillante con algún destello verdoso.
En nariz y tras 8 horas de aire, el vino se va abriendo y nos va mostrando una preciosa paleta que va desde los registros florales, las frutas blancas frescas como manzana verde, los tonos minerales sutiles y variados cítricos como el limón verde o el pomelo. También se advierte un mínimo recuerdo de esos hidrocarburos, pero que apenas es perceptible. Es medianamente intenso y muy lineal. Pura fineza.
Pero es en boca donde este vino enamora al instante. Es tremendamente sutil, con un paso etéreo pero firme, una extraordinaria acidez por su integración y un final largo, amplio y persistente que nos deja recuerdos cítricos, minerales y florales. El dulzor final que deja es mínimo y maravilloso. Está redondo y perfecto ahora y evolucionará positivamente durante muchos años más, siempre a mejor.
El Sr. Dönnhoff es el Rey Midas del vino. Todo lo que toca lo convierte en oro. No he probado ni un solo vino de este productor que no me haya encantado. Me dan ganas de ir a Alemania para aplaudirle durante dos horas. Y este Brücke es pura seda blanca, para enamorarse de él Unos 30 euros, nada caro para su calidad.
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