Cualquier vinatero puede hacer un mal pinot noir. Por las razones que ustedes me pidan. Pero hacer un pinot noir ridículo, de caricatura, es otra cosa.
No me extraña que los suizos estén interesados en este vino: el pinot noir aquí no madura bien casi nunca, y los borgoñas se han convertido en un sueño incluso para estos prósperos helvéticos.
De todos modos, no lo entiendo. No quiero sonar reaccionario, y mucho menos puritano porque mis dos lectores saben que no lo soy: este vino representa todo lo que el pinot noir no es.
Empecemos por lo básico. Por su color, poco le falta para pasar por refresco de cola. Deja una lágrima infame. Luego, el alcohol: 14.6° nada más, que no serían problema si no pateara por todas partes, en nariz y boca y supongo que hasta en el mingitorio. Su fruta es una musculatura desparramada, bestial, deforme. Soportar en la boca este vino mas de media copa es un deporte extremo. Sabe a compota de cerezas y pese a su tanicidad, tiene más estructura Lalo, el conejito de felpa de mi hijo (para conocer a Lalo, ver mi foto en Verema) que este pinot noir chileno que se llevó 91 puntos Parker y que cuesta 48 CHF en Zurich.
Respeto el trabajo de quien lo haya hecho. Pero si su mejor respuesta a mi crítica es que el vino refleja el suelo de donde viene, caray, mejor que plante espárragos.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.