Yo nunca he sabido bien a que atenerme con el barbera. Su vino puede ser muy caprichoso. Punzante, frutal, siempre de alta acidez (a veces acerba), de una tanicidad no necesariamente fuerte sino más bien áspera; en fin, a mi me desespera un poco. Pero al verlo mezclado con shiraz, con shiraz piamontés (¡!), bueno, pues me llamó la atención.
Más me ha sorprendido comprobar lo bien logrado que está. Con aromas de ciruelas, hongos, desván, violetas/lilas, tabaco, canela, vainilla, pimienta negra, avanza en el paladar con un buen volumen y agarre, y el shiraz le da una textura mucho más redonda, con taninos bien resueltos. El shiraz también deja su marca en una acidez algo menos tensa, y en su retronasal decididamente especiado. La salida no me impresiona; pero vamos, a 22 CHF en Zurich (unos 15 euros) es un vino que se entiende muy bien con la mesa y que no cansa en la sobremesa.
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