Con unos cuantos meses sigo pensando en esos albaricoques, nísperos maduros, caramelos de limón y gajos de naranja escarchada, en definitiva rico dulzor en consonancia con una mineralidad fina y activa. Empieza también a desarrollar de una forma tímida notas de goma y eso me indica dos cosas: 1ª que debo consumirlo ahora, antes de que derive en petróleo y 2ª que también debo seguir su evolución para ver el tiempo que tarda en desarrollarlo. En cualquier caso me impongo el seguir bebiéndolo. El trago de inicio se hace delicado, sensación grasa, suave... pero su acidez se coge a la parte trasera de la lengua y no te suelta, te hace salivar, cosa que unido a su dulzor hace que el trago sea muy largo.
Este es hoy por hoy el vino que identifica la relación con mi mujer, es su vino, y por lo tanto el mío.
La etiqueta azul celeste con esas letras doradas formando un curva ascendente le da ese toque como de aviación alemana (esto son cosas mías).
Gran color amarillo dorado con reflejos verdosos, untuoso a la vista y con un brillo excelente.
Con intensidad en nariz, florales en primer término, fruta madura como la piña y algo más acida como el albaricoque, pero siempre madura, notas minerales muy finas.
En boca está estupendo, graso, con sedosidad, sensual, muy maduro, con una fruta mas cítrica y una acidez que equilibra esa madurez, muy sabroso, con postgusto y ... retrogusto.
Realmente bueno, se me ha quedado corta la botella, siempre es al final cuando más te han de gustar las cosas así.
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