Esta copa muestra una floralidad deliciosa. Me hace pensar hacia otra Pinot Noir, más rústica en la boca que el vino anterior (¿más raspón?...dijimos algunos). La barrica sutilmente trabajada, un toque levemente abocado al final en el postgusto (¿garnacha?)…¡Joder, qué lío! ¡Joder, qué bueno está el condenado vino!.
El desarrollo en la boca es delicioso, sobre todo en su parte inicial y media. Color, poco. Principalmente garnacha en esta versión clásica de lo que es esta zona del Ródano y ante la que un servidor no tiene más que echar alguna lagrimilla frente a las elaboraciones tan pastosas y perdidas que me he encontrado últimamente aquí si se compara, por ejemplo, con este vino.
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