Intensidad colorante media, color ámbar ligero, ribete amarillo. Alta intensidad en nariz, barniz, resina, balsámicos, notas de humo y tabaco. Acidez marcada con un toque mineral. Muy concentrado, embocado. Ataque en boca suave, paso alegre y recuerdo largo y fresco.
Es muy fino y delicado, no por ello carente de personalidad, porque marca su impronta. Es "diferente" a los demás Fondillones, aunque lo pueda definir con los mismos descriptores.
Surgen notas de barniz y lacas, hoja de tabaco verde y rubio, notas finas de dulzor, perfumadas e intensas, surge un hilo de frescura, de clorofila.
En la boca es rico, delicado, se siente y marca el dulzor, es jugoso, cálido y embriagador, con una sabia potencia bien medida. Surge la nariz, recatada, con las notas de tabaco y madera fina, de ebanistería. Al final sale un grato toque seco, incluso un punto amargo, que alarga el conjunto y le dota de una extraña elegancia. Me llama la atención la jugosidad, la sensación de frescura dentro de un marco tan complejo, tan vivo al fin y al cabo.
El azar ha querido que pueda catar este gran vino de nuevo, en esta ocasión con la perspectiva de hacerlo junto a sus hermanos.
https://www.verema.com/vinos/105753-salvador-poveda-fondillon-gran-reserva-1950-1950
https://www.verema.com/vinos/105754-salvador-poveda-fondillon-gran-reserva-1960
https://www.verema.com/vinos/41776-salvador-poveda-fondillon-gran-reserva-1987
La copa tiene en su interior un aroma a madera fina, ebanistería, lacas, barnices, pero con delicadeza, sin resaltar, con elegancia. Se impone sin tapar la fruta, están redondeados, perfectamente ensamblados. Hay ciruela pasa, higo, algarroba, garrofín y chocolate. Puedes entrar dentro de la copa, no hay tensión, ahora surge una madera más viva.Cremosa.
La entrada en la boca es de un leve dulce que choca con lo potente y grato del alcohol, es su columna vertebral, mascas los higos secos, te traspasa con la frescura, con una acidez, casi vibrante, es largo, potente con delicadeza, sin sentirlo te atraviesa de lado a lado. La boca se queda llena de notas tostadas de café en licor y de hierba seca.
Necesita tiempo, para que salga el genio de la botella.
Inicialmente salen las notas a lacas, de la madera tostada, ceras y miel, un fino alcohol, notas de frutos secos tostados, hoja de tabaco, cacao, higos, hierba seca, algarroba. Es fino, elegante y delicado, lo hace todo con amabilidad, se diferencia y se separa al Fondillón clásico, tiene personalidad propia. En el final, me deja un grato recuerdo, que se asemeja a un Palo Cortado. Hay quien me lo discute. Pero tiene una profundidad y una definición que hasta ahora solo he encontrado en dichos vinos, en concreto La bota de Palo Cortado Bota Punta nº17.
La entrada en boca es de un fino dulzor, potente, grato, un punto cálido y alcohólico, embriagador. Paso seco, torrefacto, con un grato amargo, calienta la boca, es puro bálsamo, reconfortante, amplio. Que elegancia y que poderío, aúna la suavidad con la fuerza, la intensidad, con el placer. Salen los finos tostados, café y madera, chocolate y caramelo toffee. Sin duda deja lo mejor para la boca, la nariz es expresiva, pero la boca es pura rotundidad, si bien se desmarca de la línea (para mi conocida) del Fondillón. Lo eleva a otro estado.
Vestido de fino color e irisaciones entre tejas y cobrizos de algo escasa cantidad, relucía, eso si, con cristalinos destellos; el encuentro en nariz, de potentes balsámicos y finos recuerdos amontillados evocaba a las especias finas y a las maderas nobles; con el suave deslizar en copa y en contacto con el aire que durante tres décadas había estado ausente de su ser, el vino demostraba su cercanía y juventud, refrescando su ser a notas de pasas y maderas elegantes, perdiendo la fuerza etérea en beneficio de una directa vinosidad madura que paso a paso se tornaron en recuerdos de fino cacao y elegantes vainillas; llegando a la boca el vino, finalmente demostró su poderoso carácter, pulido de aristas, suave en su recuerdo meloso, ligeramente calido y especiado, muy sedoso, de acidez equilibrada, y persistencia prolongada el vino dejaba la boca para integrarse en nuestro ser con frescas y tostadas notas. Los postgustos finales evocaban en su último destello, sabores y perfumes de citricos confitados, frutos secos y una vez más delicadas maderas finas.
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