No sé si es que la botella que caté en septiembre estaba algo mareada, o que simplemente Parisad evoluciona y cambia de forma rápida ganando matices e intensidad...
La verdad es que poco tiene que ver esta última, en términos de intensidad y complejidad, con la previa.
Empezando por un color amarillo dorado broncíneo, brillante e intenso; espuma fina, burbuja serena, de pequeño tamaño, de emisión constante.
Aromas intensos a chardonnay maduro, mucha miel, flores secas, compotas, mantequilla, avellana, tostados, camomila... Un desfile oloroso potente que se percibe ya al servir la copa...
Boca precisa y definida; acidez justa, amargor final. Muy seco, concentrado, sabroso y de textura sedosa y algo crujiente por un gas integradísimo que acaricia las mucosas. Sabe a lo que huele. Es largo largo. Finura y potencia.
Sube puntos en mi memoria; mucha categoría, señores. Un vinazo.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.