Eso es lo que reza su etiqueta y lo que me ha llevado a pensarme su cata durante unos días. Muestra que cayó de rebote en mis manos con la responsabilidad de que al final se pida. La propia etiqueta ya parece de muestra, totalmente manual, aunque quizá sea lo que se pretenda ya que la bodega tiene sus años. Bobal de cepas anteriores a 1930.
Color cereza muy intenso de borde granate escaso y violáceo en su extremo que tinta levemente la copa.
Aroma que aunque tiene algo de potencia, es más bien corto, con una fruta negra de hueso como la ciruela y unas buenas notas de alcohol que demandan control de temperatura.
En boca tiene cuerpo, de taninos rugosos y algo rudos, de potente trago pero con buena sensación de fruta madura, dejando un postgusto al hueso de dicha fruta.
Vino de pueblo como definición, con una bobal de las de toda la vida, algo rústica, pero correcto en su conjunto. A perfilar toca.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.