Producción limitada de bodega familiar. Botella 2752 de 4836. Guinda picota con reflejos violáceos. Nariz de baja intensidad con remembranzas de frutos rojos, tostados y chocolate blanco. En boca es toda una lección. No es un vino para una cata, carece de espectacularidad, pero por el contrario en un vino vino, para acompañar la comida y recordarnos lo esencial: el goce de escanciar una buena botella. En boca resulta suave, con chocolate blanco y vainillas, de taninos dulces y bien integrados que saben llevar con discreción y clase los 13,5 de alcohol. Un vino que se rebeló con buenos argumentos esgrimidos contra la mezquindad de reducirlo a unas meras notas de cata y a una puntuación.
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