Sorpresa de encontrarlo en terreno inhabitual, ya que en una barbacoa en casa de alguien que solo bebe tintos, no es fácil encontrar un blanco, pero ya es de extrema dificultad encontrar un Cullerot.
No me atreví a tomarlo con los costillares de cerdo adobados durante 24 horas y hechos a la brasa, pero sí con el salpicon de marisco previo, y cumplió bien. Ni el fuerte vinagre, ni la presencia de pimiento verde troceado, ni la cebolla macerada, se apoderaron de ese sabor especial que tiene este blanco.
Un verdejo (del tsunami) hubiera muerto en el intento.
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