Probado en la presentación que ha hecho la bodega con Vilaviniteca en una ambiente festivo, con música de jazz y con exposiciones extrañas de los grunildos, este vino es un rosado sin más pretensiones, joven y limpio. En nariz unos aromas a frutas y en boca es un buen acompañante en vermuts. Buena acidez y buena garnacha.
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