Una de las imágenes medievales vinícolas por excelencia. Cuidada botella con el nombre por gollete, y éste formando una rebaba en la misma boca, no favoreciendo precisamente su vertido en la copa.
Color amarillo brillante de tono dorado y buena lágrima.
Aroma intenso a hierba fresca, muy frutal, blanca y amarilla, manzana y albaricoque, con cierta madurez.
Sentida boca, madurez de la fruta de hueso junto a una gran acidez y amargor final de larga duración.
Un archiconocido que no defrauda.
Te entiendo. Es la constante huída de lo que creemos convencional, y sólo por verlo demasiado. Reconozco haber elegido otros antes, siempre me decía que para este ya habría tiempo. Es un blanco que está bien y eso es lo que realmente importa.
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