Amarillo pajizo, limpio y brillante.
Nariz que sin ser exuberante, sí refleja una clase y unos aromas grandes. Detectamos jazmines, hierbabuena, cítricos, goma de borrar, pan recién horneado, caja de cerillas, jabón, caparazón de marisco, humedad y piedras.
En boca antes de nada lo que más llama la atención es la salvaje acidez, de esas que se clavan en las encías y hacen salivar. El paso es armado, algo graso, perfumado, directo, afilado y un pelín alcohólico. Sensaciones a medio camino entre los tonos dulces y los ácidos, mezcladas con un deje amargo. Sabores muy definidos a pomelo. Además hay miel, anises, tonos salinos y una mineralidad a prueba de bombas, algo así como si nos bañamos en invierno en el Cantábrico en una de esas playas de "Costa Quebrada" un día de mucho oleaje.
Final con recuerdos a plantas, flores y piedras.
Un vinazo al que seguro que los años van a sentarle de maravilla. Si alguien quiere saber lo que es acidez y mineralidad, que lo compre; por 39€ pocos vinos aportan lo que éste.
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