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Pago de Carraovejas marca el origen de Alma en el año 1987, cuando la bodega nace con sus primeras nueve hectáreas y el sueño de convertirnos en un referente dentro de la Ribera del Duero.
Desde entonces, en estos años se han alcanzado las 220 hectáreas, de las cuales 160 son viñedo en producción repartidas en más de cien unidades de manejo distintas según variedad, exposición, pendiente y suelos. La materia prima en Pago de Carraovejas sigue un exhaustivo control de la misma durante todo el proceso de madurez. Buscamos respetar al máximo nuestro entorno y para ello trabajamos bajo la certificación ecológica con una viticultura sostenible.
El proyecto empieza en la ladera de Carraovejas con tinto fino, cabernet sauvignon y merlot en una zona entre 750 y 820 metros de altitud. El crecimiento de los primeros años nos permitió adquirir nuevas parcelas en la ladera de Vallejos; colindante a la ladera, muy similar a Carraovejas y con una exposición sur-suoreste. Igualmente, adquirimos parcelas en el Pico Santa María; colindante con Vallejos y con una identidad muy marcada gracias a su apertura del valle del Arroyo Botijas hacia el del Duero. En Pico Santa María encontramos diversidad de orientaciones, pero con un claro predominio del oeste. En los tres parajes predominan los suelos de ladera, austeros y de geología terciaria en los que se mezclan las margas calizas con la arcilla y las areniscas.
Las terrazas de la parcela de El Anejón dan la bienvenida al valle de Carraovejas. Es una fuerte pendiente orientada al oeste, con vistas privilegiadas al castillo de Peñafiel. Aquí practicamos una viticultura muy característica, en uno de los escasos ejemplos de viña en terrazas que existen en la D.O. Ribera del Duero. Los suelos de los estrechos bancales son de textura franco-caliza muy compacta. La uva que crece sobre un suelo de sales calcáreas de tonalidad blanca muestra una distintiva mineralidad en nuestras botellas.

Conducidas en vaso vertical, las vides de la Cuesta de las Liebres remontan una pronunciada ladera de hasta un 30% de desnivel. Plantada en 1994, es nuestra gran parcela, donde el tempranillo muestra su expresión más pura. Los suelos son de marga caliza, con afloramientos de sales calcáreas. Esta geología terciaria, unida al clima extremo propio de la meseta, son elementos esenciales para que el viñedo transmita un carácter lleno de energía y autenticidad.
Espantalobos es nuestra nueva zona de viñedo en Pago de Carraovejas. Justo frente a nuestra bodega y orientado al norte, es un pequeño valle que desciende del páramo. En este entorno agreste, la vid halla un mesoclima de gran frescura apoyado por un sistema de plantación en vaso ‘echalas’.
Por encima de los 900 metros de altitud, el páramo está rodeado por los campos de cereal y la fauna autóctona en un entorno de gran riqueza natural. Su clima particular ofrece un ciclo de maduración distinto para el viñedo.
Toda nuestra vendimia es manual, en cajas de 12 kg. Tras la recolección en viñedo, realizamos una doble selección en mesa: de racimo y de baya. Solo escogemos aquellas bayas que cumplen con los requisitos óptimos para entrar en bodega. Para obtener la identidad más pura de nuestra finca, la uva fermenta con levaduras y bacterias autóctonas propias de la finca.
El transporte de uva hasta el depósito de fermentación se hace por gravedad, sin bombas, tuberías ni mangueras, a través de un pequeño tanque suspendido llamado OVI y pequeños depósitos rodantes de 500 kg llamados ORIs. Fuimos pioneros en trabajar por gravedad en la Ribera del Duero. Disponemos de diferentes tinos de fermentación de las mejores toneleras francesas y contamos con uno de los pocos Ovum de roble que hay en España, con una capacidad de 2.000 litros.
Las barricas de la bodega se disponen en uno o dos niveles de altura para facilitar los trabajos de rellenado y análisis. Los vinos pasan por barricas de roble francés y americano con una vida máxima de tres años. La crianza abarca desde los doce hasta los veinticuatro meses, dependiendo del tipo de vino. En los últimos años hemos incrementado el uso de bocoyes de 600 litros para una gran cantidad de nuestras parcelas, así como otros grandes formatos. Las barricas de 225 litros son usadas un máximo de 3 años, mientras que el resto de grandes formatos se decide mediante cata.
Algunas partes de nuestro viñedo mantienen la crianza en barricas de 225 litros que tradicionalmente realizábamos. Tras su paso por barrica, estos vinos son clarificados con clara de huevo natural. El embotellado también se realiza por gravedad. Este lo realizamos siempre en primavera y la crianza en botella va desde seis hasta treinta y seis meses.

Pago de Carraovejas es la interpretación del valle homónimo; la máxima expresión de la riqueza y diversidad de suelos y exposiciones en torno al valle de Carraovejas. Mayoritariamente tinto fino, unido a un pequeño porcentaje de Cabernet Sauvignon y Merlot. Cada una de las variedades y parcelas se trabaja por separado en viñedo y en bodega. Elaborado con levaduras y bacterias propias de la finca, se adaptan los trabajos durante las fermentaciones a la realidad en maduración cada parcela. Su paso por barrica de roble francés y americano se prolonga en torno a 12 meses. Todo el proceso está definido por la fuerza de la gravedad y el cuidado extremo en cada trabajo.

Anejón es elaborado únicamente en vendimias excepcionales de una parcela única. Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Merlot plantado sobre terrazas, las que fueron los primeros bancales de la DO Ribera del Duero. Fermenta en pequeñas tinas de madera con levaduras autóctonas para realzar las características del origen y la añada. La fermentación maloláctica, con microbiota autóctona, se desarrolla en las mismas tinas y realiza su crianza en barricas de roble francés de grano fino de 600 litros. En ellas permanece 12 meses. Madurará 36 meses en botella.

Plantadas en 1994 en vaso vertical, las vides de la Cuesta de las Liebres remontan una pronunciada ladera. Es el gran paraje de Pago de Carraovejas, situado sobre la bodega, donde el Tempranillo muestra su expresión más pura. Los suelos son de marga caliza, con afloramientos de sales calcáreas de un tono blanquecino muy característico. Esta geología terciaria, unida al clima extremo propio de la meseta, son elementos esenciales para que el viñedo transmita un carácter lleno de energía y autenticidad. El vino permanece aproximadamente 24 meses en barricas nuevas de roble francés de grano extrafino y otros 24 meses en botella hasta su salida al mercado.
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Ambivium es la apuesta gastronómica de Alma Carraovejas en Peñafiel. Desde su origen en 2017 busca ofrecer una experiencia única en torno al vino. Pedro Ruiz, CEO de Alma Carraovejas, decide poner en marcha este proyecto con la intención de crear un nuevo concepto de unión entre la cocina y el vino, entre la tradición y la innovación, y de convertirse en un referente gastronómico en la zona.
Adentrarse en Ambivium es viajar por el mundo del vino. Descubrir paisajes y regiones a través de armonías singulares. Un recorrido por la geografía mundial vitivinícola que se inicia por su nueva bodega, ubicada frente al restaurante; y que continúa por su laboratorio de armonías, su cocina, y como no, su sala, que alberga una cristalería con más de medio centenar de modelos de las marcas más prestigiosas. Uno de los detalles que se suman a otros tantos, por los que este periplo anhela permanecer en el recuerdo de quienes lo disfruten.
Las armonías marcan un menú de cocina sincera denominado Cellarium. Un nombre que hace un guiño al término del latín clásico con el que se nombraba a la bodega o el lugar en que se almacenaban los vinos y los alimentos. En su cuarta temporada, “Cellarium: raíces y evolución” consolida este concepto que se acerca más a la conservación, no solo de los alimentos a través de las técnicas, sino también de las tradiciones y productos arraigados a las tierras castellanas. Los productos de temporada y de proximidad son quienes brillan en un menú íntimamente ligado a las técnicas heredadas de nuestros antepasados y a otras actuales, técnicas más innovadoras desarrolladas desde el departamento de I+D+i.
El menú degustación y sus propuestas varían según la época del año y la disponibilidad de cada producto, ya que la cercanía y la temporalidad son parte de una fuerte apuesta por la sostenibilidad, reflejada en la Estrella Verde concedida por la Guía Michelin desde 2022. Junto con un apicultor de la zona se elabora miel propia que proviene de los paneles de la finca Los Almendros, cercana al restaurante. Además, cuenta con un pequeño huerto ecológico en el que se cultivan aromáticas, verduras y hortalizas que se sirven frescas o se conservan.
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Desde aquí se apuesta decididamente por la innovación. Con este desafío se ha creado un espacio polivalente y casi único para enclavar el trabajo de I+D+i, en el que se desarrollan minuciosamente las propuestas de cada temporada, estudiando, analizando y experimentando diferentes conceptos y técnicas.
Las pruebas del día a día se suman a la reflexión que se mantiene sobre la conservación y sus técnicas para aplicarlas en las armonías, con la mirada fijada en el pasado, pero también en el futuro, porque sin tradición no hay innovación. Con el vino siempre como identidad se maneja el conocimiento como una herramienta compartida que sirve para comprender y generar nuevas ideas. Aquí nacen las propuestas de Cellarium, que se coordinan con el resto de los departamentos.
Alma Carraovejas es el concepto que aúna, bajo una misma cultura corporativa, diferentes proyectos vitivinícolas y gastronómicos repartidos por toda la geografía nacional. Alma Carraovejas surge de Pago de Carraovejas, pero se desarrolla durante la historia de la bodega. Alma Carraovejas llega en 2013 a Ossian, un proyecto único de cepas prefiloxéricas de verdejo con una de las historias más largas de la península ibérica.
En 2017 nace, junto a las instalaciones de Pago de Carraovejas en Peñafiel, el nuevo Restaurante Ambivium, reconocido hoy con una Estrella Michelin, dos soles Repsol y una recientemente conseguida Estrella Verde que reconoce la labor y el trabajo por la sostenibilidad del entorno por parte de cocina, sumillería y sala. En 2018, fruto de años de trabajo en la zona, surge Milsetentayseis, el proyecto asentado en Fuentenebro. Este término es la parte sur y con más altitud de la Ribera del Duero donde se pretende reinterpretar el pasado auténtico del viñedo del municipio.
Alma Carraovejas llega a Galicia en 2019 para dar continuidad de dos proyectos que aspiran a rememorar la historia de Ribeiro, una de las zonas vitivinícolas más antiguas del mundo: Viña Meín y Emilio Rojo.
El año 2020 se cumple un sueño para el equipo de Alma con la llegada a Leza, en Rioja Alavesa: nace el proyecto Aiurri con viñedo en la ladera izquierda del valle del Ebro bajo la influencia de la Sierra de Toloño. Paralelamente surge SV wines, la importadora de vinos de Alma Carraovejas con la que se pretende acercar elaboraciones únicas de viñedos singulares de todo el mundo.
El nacimiento de la fundación ‘Cultura Líquida’ se cierra en 2021: una nueva apuesta por fomentar la cultura del viñedo y del vino en nuestro país. Previamente, se había continuado con el sexto proyecto vitivinícola de Alma Carraovejas: Bodega Marañones. El viñedo de indudable valor de San Martín de Valdeiglesias, en las estribaciones de la sierra de Gredos, acerca a Alma hasta la DO Vinos de Madrid.
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