Se accede por el callejón anexo a las Tumbas Saadiens, y de primeras te acongoja pensar que el jaleo exterior se va a colar en el Riad.
Nada más lejos de la realidad, este hotel está compuesto de cinco Riads encerrados entre unos muros comunes que dejan el interior completamente ajeno al exterior.
Zonas comunes interiores fijadas a que cada Riad tiene su patio propio, normalmente vacíos, solo los pájaros, el murmullo de las fuentes y un servidor fumando.
Zonas comunes exteriores limitadas a una magnifica terraza.
En este caso fuimos a Junior Suite, amplia y de abigarrada decoración, muy moruna. Limpia.
Cuarto de baño muy amplio, mas decoración moruna. Buena presión de agua. Bien surtido de toallas, albornoces y zapatillas. Jabón, gel, etc., de muy buena calidad.
La terraza es una gozada por la tarde, con una copita, vale, y sin copita.
Servicio muy atento y siempre dispuesto a ayudarte con una sonrisa. Y hago hincapié a la inmensa amabilidad con la que nos han tratado.
La zona de Spa-Hamman, aunque pequeña, esta perfectamente atendida con un servicio impecable.
Solo un aviso, evitaría en lo posible las habitaciones del Riad en el que se encuentra la piscina y el restaurante.
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