Ubicado a solo 90 kilómetros al norte de Santiago, la capital de Chile, el tradicional Valle del Aconcagua es el último de los valles transversales del país. Su cuenca está conformada por el río Aconcagua, que corre desde la Cordillera de los Andes hasta el Océano Pacífico. En sus riberas existen terrazas aluviales y coluviales que son ideales para el cultivo de variedades finas.
La gran belleza telúrica del valle, así como su clima mediterráneo templado, con una estación seca prolongada y lluvias que se concentran principalmente en invierno, fue lo que seguramente llamó la atención de don Maximiano Errázuriz, quien con gran visión estableció hace 145 años su bodega allí. Y no se equivocó: la buena disponibilidad de agua para el regadío, y el origen volcánico y coluvial de sus suelos, hacen de Aconcagua un verdadero paraíso vitivinícola, en el que, de cordillera a costa, se originan algunos de los vinos más renombrados de Chile.(http://www.errazuriz.com/)
Y hoy tenemos entre manos un monovarietal de Carmenere con 7 meses de barrica, de la añada 2013. Lo tomamos en un restaurante en una deliciosa velada entre amigos. Abrimos la botella y la dejamos reposar media hora antes de la cata. El vino salió a 17°C de la vinoteca.
VISUAL: Alardea de un intenso color rojo picota de capa media-alta con el ribete cardenalicio. De lágrima abundante y fina.
OLFATIVA: A copa parada presenta claras notas ahumadas y mucha fruta negra madura, ciruelas, grosellas y moras. De alta intensidad, potente, regio. Al agitar muestra un sugerente carácter floral desprendiendo fragancias de rosas rojas para continuar con una pátina de aromas exultante: especiados de canela y pimienta negra, toques de café expreso, cuero curtido, moca y cacao. Por último nos encontramos con un final mineral, pétreo, dando fe de esos suelos volcánicos en los que se arraigó y creció. Exquisita nariz.
GUSTATIVA: En boca es carnoso, amplio, de alta acidez y con los taninos a medio pulir. Con una fuerte personalidad, un vino con mucho cuerpo. En retronasal nos devuelve recuerdos de regaliz de palo y muestra ese penetrante toque mineral de persistencia larga, algo más de dos minutos. Creo que evolucionará positivamente dos o tres años más sin problemas. Un delicioso Carmenere, complejo y muy equilibrado.
La RCP es muy buena pues cuesta en torno a los 12 euros y nos hallamos frente a un vino sobresaliente.
Maridamos este delicioso vino con un "Locro de papas" (típico plato cuencano a base de patatas, queso, aguacate y tocino de cerdo) y con un espectacular "Solomillo Alcázar" con su crujiente de yuca y un salteado de setas. Otra magnífica velada más disfrutando de una suculenta cena, con un buen vino y como siempre...lo más importante...en excelente compañía. Lujazo!!
Adjunto fotos.
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