A la vista se muestra con un color rojo cereza picota, con ribete granate, capa media, limpio y brillante. En nariz destaca en esta añada por una mayor intensidad y complejidad aromática que sus predecesoras, resaltando los aromas de frutas rojas (grosellas y cereza roja) y negras (ciruela negra) frescas, también cerezas en licor, especias dulces (nuez moscada, clavo, vainilla, algo de canela), pimienta, regaliz, envueltos en sensaciones frescas y balsámicas, hoja de tabaco, ligerísimos tostados. En boca es sabroso, sápido y equilibrado, elegante con taninos muy pulidos pero vivos a su vez, largo y con muy buena acidez. Final fresco, con retrogusto persistente, balsámico y especiado. Una gran añada de pefil atlántico de este vino que recuerda a las grandes del presente siglo (2001 y 2015)
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