El enólogo Sebastian Beaumont elabora este blanco color amarillo dorado algo subido de tono. Presenta una nariz intensa y bastante franca, con bastante fruta pero también con toques florales y en el fondo llega asomar cierta mineralidad. En boca resulta intenso, bastante untuoso, con ciertas notas amargas, muy bien de acidez, con buena estructura y bastante longitud. Un vino atractivo y con personalidad que me gustó sin llegar a emocionarme.
Amarillo dorado.
Inicialmente la nariz fue espléndida con notas de talco, heno, rosas, manzana, levadura, frutos secos y algo herbáceo, siempre sobre un fondo tostado. Con más tiempo todo ello quedó tapado por los tostados que se impusieron abrumadoramente y sólo olía a madera.
En boca lo noté falto de peso y estructura, algo deslabazado, exceso de una acidez cítrica, final amargoso y corta persistenca.
No me gustó.
Amarillo dorado con reflejos acerados, limpio y brillante.
Profundos aromas a heno fermentado en un inicio, al que le suceden almendras, pistachos tostados, manzanilla y unos escondidos lichis.
En boca es graso, profundo, impetuoso pero muy elegante. En el paso nos enseña una equilibrada acidez, un alcohol bien integrado y un delicioso sabor a tostados. Se marcha con un destello de piel de naranja.
Longitud media.
Un buen Chenin Blanc sudafricano.
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