Impresiona en boca por su volumen y sensación grasa y glicérica. Tacto suave, paso largo, final dulce y homogéneo. En nariz muestra matices amargosos, pero en conjunción con otros dulzones, mielosos y de melón. Un buen vino , perfecto para determinados productos japoneses, aportando sin interferir estructura y potencia aromática. Por experiencia magnífico con espárragos
Color dorado, muy brillante.
Nariz de cierta intensidad, en que se aprecia fruta de hueso, especialmente albaricoque, y también fruta desecada (orejones). También tropical, papaya y algo de piña. Mineralidad y fuerte peso de la garnacha blanca.
En boca es, de nuevo, frutal, de acidez marcada, más mineralidad que en nariz (hay cal y tiza), se aprecian toques a levadura. Posee volumen (y bastante), es redondo y graso. Posgusto notable.
Al abrirlo no me convenció en absoluto, pero al día siguiente ha mejorado ostensiblemente, es menos ácido y más equilibrado en general después de un día abierto. Le seguiremos la pista.
De Benjamín Romeo.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.