Nueva botella abierta con corcho en muy buen estado, que a la vista tiene aun una buena capa y el color en sus meniscos y bordes es el teja.
La nariz que tiene una intensidad no muy alta, pero es un prototipo de equilibrio entre la fruta y detalles de la madera.
Al paso por boca, resulta suave, pero sin ser fácil, con un puntito de caramelo y un equilibrio de nuevo, eso sí, con una acidez no muy alta.
Hoy hemos preparado en casa un plato sencillo y de toda la vida, pero de esos que gracias por un parte a la crisis y por otra por estar de vuelta de muchas elaboraciones que aportan poco, están de moda: cocido tipo madrileño. Quizás otro vino hubiese maridado mejor pero abrí la cava, vi una bocetarle de este vino y sin dudar nos acompañó.
La pregunta con esta comida y a la mitad de la botella, ha sido ¿Por qué no hemos comprado mas vino de este señor?
El señor es un personaje y su vino sigue maravillándonos botella tras botella, con ganancia con el tiempo en sensaciones.
Tengo que volver por Roales del Pan.
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