En mi anterior nota de cata, de este vino, con fecha del once de mayo del 2018, pedía tiempo para saber y poder valorar, de verdad, todo el potencial que este vino guarda en su interior. He tenido la suerte y el placer de catarlo, de saborearlo, de disfrutarlo de nuevo y esta es mi impresión:
Conserva todo el color aunque abre un poco el menisco.
Fragante, poderío frutal, denso, maduro y fresco. Se aprecia el paso del tiempo, quizás sea un poco más acusado por culpa del devenir de la botella, que del propio vino. Hay una fina y densa mermelada de moras, arándanos y grosellas, tapizada con pimienta negra, clavo y cuero. Fondo balsámico, le da frescura y amplitud, pimiento asado, pimentón de la Vera, piparra de Ibarra. Monte bajo, humus y setas.
En boca tiene garra, el tanino con carácter y amabilidad a partes iguales, la acidez jugosa y paladeante, hay frescura, densidad y recorrido, tienes en la boca ahora toda la fruta y los pimientos, con frescura y nobleza, ternura y elegancia. Una gozada "solo" apta para los amantes de la pirecina.
Rojo picota muy cuebierto, casi opaco.
Buena intensidad aromática, fruta roja y negra, notas vegetales (recuerdos de pimiento), especias (pimienta negra y verde), chocolate y ahumados.
Buen ataque, paso cálido con volumen, cierta astringencia y buena acidez final. Un vino para redondearse en botella.
Rojo granate de capa alta, es denso y oscuro, casi negro. Con una lagrima densa y abundante, colorea la copa.
Es de un aroma denso y concentrado, hay un fondo vegetal rico que recuerda a la pimienta verde y al pimiento rojo, todo es potente y equilibrado. Hay moras negras, arándanos y ciruela junto a un transfondo tostado y terroso, chocolate y café. El vino todavía murmura, se muestra joven y musculado.
En boca la entrada es sedosa y con una leve golosidad. Se palpan las frutas maduras, las muerdes, redundan con la nariz. La acidez está integrada y sabe vertebrar el conjunto, lo paladeas y lo saboreas, vas deshaciendo el tanino bravo que aún tiene un puntito seco, bien ponderado. Se deja beber, perdura, ahora es pura fruta, la crianza un fino velo de adorno especiado y de leve toque tostado. Sin duda el tiempo lo rematara y conseguirá sacar el verdadero vino que lleva dentro. Le seguiré la pista.
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