Rojo brillante con ribete anaranjado, capa media baja.
Aromas especiados, hojarasca, pétalos de rosa seca, melocotón.
En la boca está increiblemente vivo. Espectacular acidez con 37 años, algo de fruta roja, suave como la seda, aterciopelado. Un regalo para los sentidos. Es una pena que esta bodega haya caido cuesta abajo, este vino en cambio representa lo mejor del clasicismo riojano, que quizás esté pasado de moda pero que es enormemente disfrutable.
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