INTRODUCCIÓN: Y hoy vamos con esta joya riojana, un viejuno de los que esperas con tremenda ilusión, con un mínimo de 10 años de crianza en barricas más tres en botella en los calados de la bodega, ahí es nada. Abrimos la botella con el Durand y lo dejamos respirar por dos horas y 20 minutos. Corcho humedecido en toda su longitud, muy compacto.
VIDEOCATA: https://youtu.be/ToE_FMVKVJA (V:97 - O:97 - G:99)
La RCP fue excelente, nos lo pudimos agenciar por 36 euros allá por Marzo de 2018 en subasta.
MARIDAJE: Abrimos la botella con unos frijolitos negros con pernil. Al siguiente día nos lo tomamos con nuestro surtido de queso viejo manchego, embutidos y jamón ibéricos. Nos lo terminamos con unos solomillitos de cerdo en masala en salsa de frutos del bosque. El maridaje con los embutidos fue como tocar el cielo, con los ángeles y arcángeles, armonía absoluta entre apuntes cárnicos y especiados con la frutosidad y las notas amaderadas de nuestro increíble viejuno
Salud-os!!
Un tiempo después volvemos a probar este vino y tras unas cuantas botellas –es quizá el Rioja viejo que más veces hemos probado- no hacemos sino confirmar que es un vino con una regularidad aplastante, algo que no nos extraña teniendo en cuenta la calidad que atesoraba esta referencia hace años y el buen nivel en general de 1970 en Rioja.
Bonito color rubí con ribetes ocres, capa media. Ausencia de posos. Buena botella. Nariz no muy intensa pero compleja, limpia, flor seca, fruta roja en licor, maderas viejas, piel curtida, tabaco de liar, especias, tierra mojada, bosque húmedo, todo muy bien conjuntado. Boca viva y en forma por su acidez y frescura, paso firme y estructurado dejando un largo final que nos devuelve las sensaciones de fruta en licor y especias, con un tanino ya muy fundido. Persistente.
Un Rioja de la vieja escuela, gran productor y excelente año, una de esas botellas con la que apuestas sobre seguro. Y que no falla nunca. Grande.
Precioso color rubí con ribetes rojizos y capa media-alta. Nada denota su edad.
Nariz con buena intensidad que sorprende por su limpieza desde un primer momento, con notas de frutas rojas en licor, un marcado fondo especiado, ligeros ahumados, un punto mineral, incipientes toques terciarios de piel curtida y carne cruda, tabaco de pipa y tierra mojada. Expresivo y muy franco.
En boca nos muestra que es un vino en plena forma, con clase, con ese porte tan distinguido de los vinos de la casa en la época, buena acidez, paso engañosamente ligero, final de marcada longitud que nos deja recuerdos de frutas en licor, especias y balsámicos, con un tanino fino y perfectamente integrado. Persistente.
Hemos catado en tintos casi todo lo que hizo Murrieta aquel año 70, Etiqueta blanca, Reserva, Gran Reserva y Castillo Ygay y lo cierto es que es un año excelente para la casa, con vinos que han llegad ahora en plenitud y con fuerza, siendo este Reserva un portento de equilibrio y finura, un gran vino de disfrute. Uno más.
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