A día de hoy, este vino sigue mostrando un buen potencial. La madera, bien dosificada y discreta, le ha aportado una buena dosis de estructura y se ha disuelto para crear una boca compleja, cremosa y, a la vez, fresca. Sigue estando vivo y con recorrido por delante.
Dorado, brillante con algún reflejo ambarino.
Aromas potentes, complejos, netos, donde partiendo de un deje frutal muy maduro, pero no sobremadurado -albaricoque, piña, uva-, junto sensaciones de mantequilla, pan caliente, prevalecen aromas de crianza nobles y elegantes: miel, frutos secos, cera. Todo en un conjunto armónico y elegante.
En boca se presenta untuoso, glicérido, con buen volumen y una punta de acidez que le aporta frescura. El alcohol se encuentra bien matizado por una materia muy buena que hace que el vino se goloso a pesar de sus sequedad y su firme estructura. Reencontramos todas las sensaciones aromáticas percatándonos de lo bien integrada que está la madera. Su final es largo y persistente, marcado por las sensaciones de crianza. A disfrutar a una temperatura de 12-13 grados.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.