Seis años y medio después volvemos con este gran reserva riojano. La primera botella no fue un éxito precisamente, a ver qué tal ésta. La verdad es que de entrada presenta un nivel de líquido preocupante, unos 4 cms por debajo de la base del corcho que venía con lacre... Abrimos la botella con el abridor estándar de tijeras y se nos rompió un cachito final. Completamente húmedo y tintado en toda su longitud. Dejamos respirar por espacio de dos horas y media antes de proceder con su valoración a 18°C. Decir que de nuevo vemos en su contraetiqueta que pone CRIANZA, teniendo 12 meses en grandes tinas, 48 en barrica (5 años de madera) y otros dos años en botella en los calados de la bodega... crianza dice ):
VISUAL: De color rojo picota de capa alta, con el ribete en tonalidades teja, ocre y naranja, brillante y limpio. Su lágrima es gruesa, lenta, transparente y abundante. Fantástico aspecto para su edad (96).
OLFATIVA: A copa parada muestra una intensidad brutal, con notas acompotadas de mermelada de mora y fragancias licorosas de duelas envinadas. Agitamos y desprende aromas de flor marchita, con un puntito mineral que nos trae recuerdos de arcilla húmeda y tinta china, aderezado con unos curiosos matices como de caucho quemado. De fondo asoman terciarios claros: sanguíneos, animales, crin de caballo, cuero curtido y chocolate negro, terminando con la presencia del roble marcado a fuego, con unos delicados tostados que nos embelesan, de gran elegancia. Grata sorpresa la verdad, pues el nivel de líquido y los recuerdos de la botella de 2015 nos hacían temer lo peor. Sin embargo, ésta en concreto, consiguió disipar rápidamente los apuntes de reducción y evolucionar en nariz maravillosamente. Intensidad y complejidad pasmosas (96).
GUSTATIVA: Poderoso en su ataque, con una acidez que te descoloca, tremenda, con unos taninos presentes pero dulcificados de un modo magistral. Licoroso y aterciopelado en su paso por boca, con matices especiados dulzones en retronasal, dando paso a un post-gusto carnoso, secante de entrada y sedoso al instante, prodigioso tanino. Corpulento, licoroso, con apuntes dulzones de compota de ciruela, especiados de canela, vainilla y fenogreco. A cada sorbo la sensación de goce y placer va "in-crescendo", en estado mesetario absoluto, con un puntito dulzón y amaderado de fondo maravilloso que persiste en boca durante tres minutos y 50 segundos. Tras 52 años sigue en todo lo alto y de seguro hubiera aguantado 20 años más. Increíble que el nivel de líquido fuera tan bajo y la botella que nos hemos encontrado... La verdad es que el corcho estaba lacrado, pero la pérdida de líquido ahí estaba... misterios de estos viejunos que no dejan de sorprendernos. Vinazo, gran añada y gran botella (96).
La RCP fue excelente. En mayo 2015 pagamos 28 euros por esta botella.
MARIDAJE: El primer día acompañó unos lomitos de cerdo con trigueros y alcachofas. Nos lo terminamos con una jugosita hamburguesa de Angus con huevo frito. En ambos casos el vino se erigió en protagonista absoluto, grandioso e imperial. Botellaza para recordar amigos.
Salud-os!!
Estamos en la comida de Navidad y tenemos dos vinazos para comer, un Único del 73 y este Prado Enea del 70 con el cual empezamos. Abrimos la botella con el abridor de lamas y conseguimos sacar el tapón íntegro. La decantamos dos horas antes de su cata y lo servimos a 17°C.
VISUAL: Rojo picota de capa alta con el ribete atejado, muy amplio. Presenta una clara turbidez, lo cual tras leer la cata de Limonero en donde su botella se presentó "clarísima y límpida", no nos hacía presagiar nada bueno.
OLFATIVA: En nariz se muestra bastante reducido incluso tras las dos horas de oxigenación asomando notas fúngicas, a flores marchitas y un curioso recuerdo como a grasa de jamón, rancio. Al ir moviendo la copa aparecen aromas a regaliz de palo, finos tostados de la barrica y un toque de duelas envinadas. Acaba con un final en donde asoman cueros, tabaco de pipa y notas especiadas de pimienta, canela, vainilla y clavo, muy riojano. De intensidad media. Esta botella creo que estuvo al límite en cuanto a aromas de reducción, habrá que ir abriendo lo que tenemos en stock y confirmar si el resto está en el mismo estado.
GUSTATIVA: En boca tiene un potente ataque presumiendo de una alta acidez y de unos taninos muy dulcificados, vino muy redondeado. En retronasal apreciamos otra vez notas terciarias, los cueros, tabaco y cacao. La persistencia es corta, sobre un minuto. Está empezando su declive, especialmente en nariz, pero perfectamente disfrutable en boca en donde se presenta sutil y aterciopelado. Para bebérselo ya, o al menos eso nos indicó esta botella... Veremos en las próximas.
La RCP la dejo en buena, por poco menos de 30 euros pudimos hacernos con algunas botellas de este gran vino.
Estamos en la comida del día de Navidad que preparó como cada año mi amada madre. Como es tradición desde que tengo uso de razón, nos agasajó con su inigualable "escudella catalana y carn d´olla" como primer plato. El vino maridó estupendamente, los intensos sabores de tan suculento caldo fueron perfectamente controlados por la redondez de nuestro gran Rioja, todo se integró en perfecta armonía. Delicioso comienzo de la siempre entrañable comida navideña.
De color rubí cobrizo, casi asalmonado, de capa media-baja, sin apenas extracción, clarísimo, límpido. Pocos Rioja con pretensiones de vino de guarda se han embotellado con tan poca materia colorante. No hay precipitados en la base de la botella ni síntomas de excesiva evolución. Reflejos anaranjados y granadinos, precioso, brillante. Borde amplísima abarcando toda la superficie. No hay diferencia entre ribete y menisco.
Abierto, muy maduro, sacando notas de frutos rojos confitados y duelas envinadas y todo tipo de especias exóticas que se quedan en segundo término: cúrcuma, clavo, pimienta sichuan... Hay un apunte de confitura de naranja amarga que anilla el conjunto y que va dando paso a notas de orden vegetal, alcaravea, anís, hinojo que se vuelven cada vez más resinosas, parecido a la savia de ciprés. La barrica está escondida, muy elegante, sin tomar protagonismo acaba por aportar un fino tostado. Un vino diferente, muy agradable, que gusta por su originalidad.
En boca está desnudo, desprovisto de artificios, limpio como el agua, lleno de fruta roja reducidísima, sabrosa, picante, con una acidez refrescante que nos mantiene en tensión. Tiene menos estructura y potencia que el Muga Gran Reserva del mismo año aunque paridos ambos con el mismo cariño. Otro Rioja emocionante y ya van muchos!!!
Más información del vino: http://vinosclasicos.blogspot.com.es/2014/11/prado-enea-1970-gran-reserva.html
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