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Opiniones de Perrier Jouët - Belle Epoque Blanco
OPINIONES
4

No hace más que mejorar, redondearse y resaltar su finura a medida que pasa el tiempo. No es exuberante, sino preciso, perfectamente delineado y muy elegante. Todo lo dicho anteriormente, con un plus de reposo y mayor cercanía a la perfección. Y le queda recorrido!

Presentación ya clásica e identificable; las anémonas blancas "art noveau" de Èmile Gallé que adelantan las sensaciones etéreas que el vino nos va a ofrecer.

Amarillo dorado de intensidad media; burbuja constante, minúscula. Espuma finísima.
Nariz no muy potente al inicio; con el aire y la temperatura va ganando en complejidad e intensidad. Muy frutal, pera, limón, vainilla, mantequillas, frutos secos, tostados y regaliz dominan la aromática.

Boca precisa y delineada; acidez punzante pero en equilibrio con azúcar; armónico, placentero y sedoso en el trago. No se muestra más evolucionado que la anterior botella. Largo y placentero.

Un 96 que continua siendo referencia de la elegancia y el equilibrio, lejos de la exuberancia sensorial descontrolada que otros aportan, (aunque promete crecimiento en la voluptuosidad y el dulzor, tal vez en una década...) nos ofrece complejidad contenida, perfección en sus hechuras y emoción a través de la elegancia. La única pega, el precio, como casi siempre...

Un clásico, una referencia del estilo delicado y aromático dentro de las Cuvees de Prestige que en añadas superlativas como ésta ofrece lo mejor de sí.

Nariz misteriosa, fascinante, rica en especias y aromas terciarios de gran clase. Predominio de vainilla, café, regaliz y mantequillas. Algún fruto seco tostado y flores blancas en consonancia con el exquisito packaging.

Noble, delicado y potente a la vez, equilibrado...vamos, todo. Acidez marcada, como los grandes, sin apabullar. Largo y congruente con su prodigiosa nariz.

Años por delante, sin ninguna duda. Ahora está perfecto.

Chapeau.

-Aspecto: límpido, brillante, cristalino.
-Color: amarillo dorado con reflejos verdosos.
-Copa parada: mantequilla, piña en almíbar, orejones, suaves notas balsámicas, melocotón, bollería y panadería, hierba fresca.
-Copa agitada: se intensifican los aromas anteriores y aparecen notas cítricas, minerales, lluvia, muchas levaduras, piña madura, plátano.
-Boca: -Ataque: potente, fresco y punzante.
-Paso: ácido, sabroso y con un cosquilleo muy agradable.
-Final: ligeramente amargoso.
-Burbuja: fina, muy bien integrada y nada agresiva.
-Caudalía: muy larga.
-Temperatura: 11º - 13º C.
-Maridajes: Semicaliente de caviar, carpaccio de buey, salmón ahumado.
-En conjunto resulta un vino muy elegante, equilibrado, sabroso, goloso, intenso, muy persistente, redondo, fácil de beber, de paso suave y difícil de olvidar.

Cayó en mis manos esta delicia de champagne, nada más ver su aspecto y mirar en la etiqueta la añada me pregunté “¿cuánto aguantará si es un 96 y apenas ha evolucionado?. En cuanto lo llevé debajo de la nariz me empezaron a sobresaltar aromas que me recordaban a cuando iba a comprar el pan, a una fuente llena de fruta en verano, a las tostadas con mantequilla que comía mi hermana al desayunar, a uno de mis primeros besos debajo de la lluvia en primavera y a quedarme dormido sobre una manta en un valle de hierba fresca. Calmé las ansias que tenía de probarlo llevándolo a mi boca y me sorprendió la frescura y la potencia de sabor que me envolvió entero, lo retuve y noté como toda la boca me salivaba y me dejaba esa sensación de acidez que en cambio de resultar molesta invita y tienta a seguir notándola; lo tragué, y lo intenté volver a tragar, y al darme cuenta que ya lo había tragado descubrí que todavía seguía sintiendo su intenso sabor, tan potente y preciso que era lógico pensar que aún seguía en mi boca. Con esa sensación pasé a imaginar cómo sería aún mejor (a menudo nos ocurre que cuando algo nos encanta, nos negamos a admitir que es casi perfecto, y al no encontrar defectos buscamos carencias aunque no sean de la competencia de lo que realmente estamos deleitando) y llegué a la conclusión que sería una delicia si al lado estuviera un semicaliente de caviar, o un carpaccio de buey y hasta un par de lonchitas de salmón ahumado; no lo había, pero estaba degustando el vino con uno de los mejores maridajes que hay, un amigo. Lógicamente llegamos a la conclusión de que era un caldo espectacular, que no paraba de darnos sorpresas y deleitarnos con nuevas sensaciones, que aún le quedaba mucha vida por delante, que no dudaríamos en repetir esta experiencia, que la recordaríamos durante mucho tiempo y que realmente era un encanto haber pasado ese momento gracias a este champagne.

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