Dorado intenso limpio y brillante con algunos destellos cobrizos. Presencia de precipitados.
En nariz y tras siete horas de aireación se muestra medianamente intenso, complejo y misterioso. En el fantástico bouquet que desarrolla se advierten notas iniciales de flores secas, ligeros tonos de hidrocarburos (¿gasoil?), fruta blanca madura, orejones, albaricoque, miel, cítricos, frutas escarchadas y unos ligeros recuerdos minerales. Complejo y expresivo.
En boca es un vino potente y directo, tremendamente limpio. Tiene una magnífica acidez que le otorga una gran limpieza y frescura y el final resulta largo y persistente dejando recuerdos cítricos. Es graso y estructurado, pero muy bebible y a la vez ligero. Después de casi 20 años es un vino perfectamente seco, con un leve recuerdo de residual.
¡Que bien ha evolucionado este vino!. No ha perdido apenas frescura ni nervio y ha ganado una complejidad y una prestancia insuperables. La pena, como siempre, la media botella que se quedó pequeña. Y una armonía curiosa y excelente: con chocolate blanco. Un fantástico vino.
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